UNA PAREJA DESPAREJA de Glenn Ficarra y John Requa - HERNANDO HARB

sábado, 25 de septiembre de 2010 en 17:17


















UNA PAREJA DESPAREJA


Título original: I Love You Phillip Morris

Estados Unidos, 2009

Género: Comedia dramática

Hablada en inglés

Directores: Glenn Ficarra – John Requa

Guionistas: Glenn Ficarra – John Requa

Novela de Steven McVicker

Productores: Andrew Lazar – Luc Besson – Far Shariat y otros.

Fotografía en colores: Xavier Pérez Grobet

Montaje: Thomas J. Nordgerg

Música: Nick Urata

Vestuario: David C. Robinson

Director de producción: Hugo Luczyc-Wyhowski

Intérpretes: Jim Carrey (Steven Russell) – Ewan McGregor (Pillip Morris) – Leslie Mann (Debie) – Rodrigo Santoro (Jimmy Kemple)

Duración original: 102’

Duración en la Argentina: 97’

Calificación: Sólo para mayores de 16 años


Esta es una historia de la realidad (frase muy repetida en cada seis de cada ocho estrenos semanales. Pero en este caso es cierto. Hace unos meses el canal Discovery Channel presentó un documental acotado sobre un estafador que se evadió cuatro veces de prisiones de máxima seguridad y por su carrera de delitos fue condenado a 144 años de encierro. Aún los está cumpliendo. De por vida permanece 23 horas encerrado en su solitaria celda y una hora le permiten ducharse e ir a la biblioteca.

El individuo se llama como en la película (basada en una novela aburrida de Steve McVicker, un ex periodista de policiales en el Houston Chronicle) Steven Russell. Los otros personajes aparecen en su mayoría con nombres auténticos, salvo el de una empresa o los de sus dueños (no sea cosa que ganen una merecida fama de imbéciles).

Digamos que el centro es este delincuente extravagante y homosexual, cuyas peripecias de toda índole nada tienen que ver con el título en castellano con el que el filme se exhibe en la Argentina. No existe desparejidad alguna en sus personajes (lo que sí abunda entre los coguionistas y codiridectores de este disparatado drama rodado en tono de comedia (in)digna de Jim Carrey). Se trata de un fraude propagandístico que se extiende a la promoción visual: hay tres hombres sonrientes con unos chihuahuas en Miami prometiendo una de enredos picarescos.

La primera toma nos muestra (es fundamental) un cielo hermoso con nubes blanquísimas. La banda sonora emite toques celestiales. Es la invocación de un enfermo marginal (el audaz Steven) en prudente off contándonos facetas de su pasado. Cree que todo comenzó cuando era un niño y observando las nubes arma dibujos: él ve un enorme pene (al que verá en su vida cada vez que invoca ayuda y mira hacia arriba). De inmediato sus padres le confiesan que es un hijo adoptado, pero que lo quieren tanto como a uno biológico (aparece uno, en medio de los progenitores, con aspecto antipático de farsa hollywoodense). Steven crece, se hace evangelista (preside el grupo religioso cantando y tocando un órgano) y se inscribe en la policía (llega a oficial), descubre dónde vive su madre verdadera (que lo termina echando de la casa y negándolo).

Steven Russell es un ser vanidoso, egocéntrico, egoísta e incapaz de querer (aunque proclama amar a los cuatro vientos, que es una forma de hacerse notar y distinguir en la escena que le toca vivir y de la que se impone como el eje llamativo). Se casa con Debie: la intimidad conyugal es un desastre, tiene una hijita (a la que en una sola escena le repite seis veces “te amo” y luego no visitará más), pero ante las fiestas vecinales simula ser el ser más afortunado y besa con pasión a su mujer (es cuestión de demostrar que es un perfecto marido) ante los asombrados visitantes. Más tarde se contactará (vía teléfono) con su mujer a la que conforma enviándole un bolso repleto de verdes y ella, contenta, le pregunta no sólo como le va en la vida a él, también se interesa por la pareja de Steven a la que manda saludos). En síntesis: Steven las tiró al canasto y les manda plata para que sepan cuán maravilloso es. El rey conforma con el oro ajeno.

Pero Steven disfrazó su condición luego de renunciar al evangelismo y a la policía. Es gay (se cuida de proclamarlo o elude según las circunstancias que rodearán a sus estafas). Se siente poderoso (repárese en las escenas sexuales qué rol dominante ejerce), se cree dios, encantador, lleno de ingenio, simulador como ninguno. En suma: es un enorme pene celestial. Tal es el poder que ejercerá sobre un compañero de prisión, Phillip Morris (el carilindo Ewin McGregor teñido de rubio), un delincuente menor, tímido, medio lelo, aficionado a la lectura y que busca protección a toda costa. Es un ratoncito blanco que engulle ese gato negro de callejón que es el insoportable Steven.

A continuación -siempre en el background monologado por el moribundo Steven- empiezan una serie de evasiones carcelarias para reencontrarse con el protegido a quien ha liberado ¡simulando ser un abogado! Y envolviendo a los jueces con explicaciones tan convincentes como lo es confesar amar a las polillas de un baúl repleto de ropa carcomida.

Steven busca la admiración. Lo encierra a “su” Phillip en una mansión costosa, le compra todo lo deseable que se adquiere con la magia del dólar. Y mientras el bobalicón lo espera en casa Steven empieza sus ejercicios de guante blanco: roba sellos de abogados, tiene tarjetas en cantidad falsificadas para adquirir en los mejores comercios, alcanza prestigio como leguleyo, roba planillas a las que falsifica, tiene dos autos modernísimos (rojos, por supuesto) y compra un descapotable último modelo (rojo, claro). Toda una objetofagia al servicio del amor (dice el delincuente) obtenida seduciendo a los socios de una empresa que le solicita consejos para quebrar: él se los da (la banda musical tapa la verborragia del farabute) al punto de convencerlos y nombrarlo único encargado de llevar la administración de los fondos financieros. No conoceremos la fórmula. Pero entenderemos que el ejercicio actoral de Steven es de primera.

Previsible: roba a más no poder. Lo descubre un segundón con cara de tonto que en medio de las planillas adulteradas encuentra un típico dibujo del poderoso Steven: un pene grande del que se desprende otro pequeñísimo. O sea: Steven pariendo a Phillip. Algo de afecto hay en este desagradable ladrón de alto vuelo. Por lo menos protege al dominante joven, quien no tiene idea cómo su amigo trae a la mansión tanto dinero (en bolsos) y compra todo objeto de valor.

Fin del racconto. Steven enfermo con los médicos despidiéndolo del valle de los incautos y el moribundo se fuga por enésima vez. Estaba más saludable que una flor en primavera. Gracias al cielo que autoinvoca (fíjese que hasta lo ve en plena sala de tribunales a través del techo). Es la simulación personificada, porque hasta al espectador le ha hecho creer que se estaba despidiendo de la vida.

El el dúo Ficarra-Requa nació en una universidad del cine, logró trabajar en Nickelodeon y convertirse en una pareja de inseparables amigos que escribieron guiones convertidos en filmes mediocres hasta que elaboraron uno basado en una novela popular en ciertos círculos no literarios y decidieron con apoyo del productor del “Super Agente 86”, Andreu Lazar trasladarlo al cine como codirectores.

Con sinceridad como realizadores parecen dos sastres confeccionando un traje al que le falta la manga derecha, la izquierda está en donde debió estar la bocamanga derecha del pantalón y uno de los bolsillos aparece estampado en el centro del pecho. En fin, un traje imposible de tomar como tal. Como sastres (o directores) son penosos.

Hay montones de cabos sueltos. Vaya un ejemplo: ¿de dónde proviene el poder qué ejerce Steven en una prisión al punto de coimear para que le den una paliza a un recluso, o los cocineros le preparen una comida especial, o se fugue vestido como una cabaretera ante la vista de los guardias? Cómo éste hay tantos que hacen irreal la historia. Cuando el espectador se anoticia de que es un hecho auténtico queda boquiabierto. O pega unas carcajadas ante tamaña inventiva de la novela original del ex periodista Steve McVicker (quien hace una aparición fugaz).

Lo dramático es que en estos momentos hay un ser humano condenado de por vida, que seguramente inventará fugas imposibles, llorará la ausencia de alguna compañía, lamentará su vida y tratará de imaginar en el techo de su celda un cielo donde las nubes forman un pene endiosado venido a menos.

Las actuaciones son correctas. Si Carrey resulta convincente es porque siempre pareció amanerado, gritón, dominante, ególatra, acaparando la pantalla. McGregor, cumple con lo suyo sin sutileza alguna. El brasileño Rodrigo Santoro (ganador de varios premios en su país) hace de uno de los amantes de Stanley, en una Miami nocturna. Trabaja muy poco al comienzo, y en una sola escena casi al final muriéndose de sida y escuchando cómo el despreciable Steven miente una vez más que ha amado a alguien en su vida.

En resumen: un drama que aparece como comedia de Hollywood, un guión deshilvanado, un supuesto deseo de escandalizar con unos cuantos besos de la pareja de actores y una publicidad tramposa para salvar la plata invertida (entre los inversores está el francés Luc Besson, un francés que figura en decenas de filmes donde posibles ganancias llenarán sus arcas).

Bueno, los responsables de esta fallida película deberán mirar al cielo y darse cuenta si las nubes dibujan lo que los convertirá en dioses. Aunque llueva.


HERNANDO HARB

CACERÍA IMPLACABLE (Corea del Sur 1999) - Hernando Harb

jueves, 23 de septiembre de 2010 en 16:01





















CACERÍA IMPLACABLE

O YA NO HABRÁ LUGAR DONDE ESCONDERSE


Título original: Njeong sajeong bol geot eoptola

Corea del Sur, 1999

Director, productor y guionista: Myung-Se Lee

Género: Policial, suspenso

Fotografía en blanco/negro y color: Kwang-Seok, Jeong Haeng, Ki Song

Música: Soung-Wood Jo

Hablada en coreano

Intérpretes: Joog-Hoon Park (Detective Woo) – Sung-Kee Ahn (Chang Sungmin – Dong-Gun Jan (Detective Kim) – Ji-Woo Choi (Juyon)

Duración original: 112’

Estreno en Corea del Sur: 31 de julio de 1999Estrenada en Europa con una duración de 97’

No estrenada en la Argentina

Lanzamiento en DVD en la Argentina con duración original en 2000

Calificación: Sólo para mayores de 13 años


Es una película exhibida en el Festival de Cine independiente de la Argentina, competidora en los certámenes de Sundance, Gothenberg y en el Festival International Film de Sydney. También circuló por otras competiciones, lo que le ha dado a este filme policial con toques insólitos de comedia y con una multifacética banda musical, un prestigio. Fama en círculos de cinéfilos que no influyó en la decisión de los distribuidores en estrenarla en las salas locales. Pudieron tener motivos explicables, lo que no justifica una difusión mayor, máxime cuando el cine coreano desconocido en la Argentina, salvo alguna excepción que confirma la regla.

Su argumento no es novedoso. El dúo de policías detrás de un mafioso que trafica drogas. Uno es algo obeso, con cara de pocos amigos, y divorciado, Es un individuo solitario que sólo visita a su hermana casada los fines de año. Se llama Woo -reparar en la (no) casualidad con el director John Woo, un oriental que hace carrera interesante en los EE.UU.- y es un violento como casi todos sus compañeros de una comisaría suburbana que se manejan con pistolas y, sobre todo, con larguísimos palos.

El otro es un muy joven Kim que por razones laborales ve poco a su consorte.

Como se ve, nada que no se haya visto hasta el cansancio. Pero este relato sin sorpresas en el guión fue filmado con un estilo insólitamente llamativo. Se lo cuenta casi permanentemente a través de objetos o el vapor de cacerolas o el humo de locomotoras o una lluvia intensa que se convierte en una nevada que cubre la escena y la acción.

Es el estilo que cubre la acción. Es la forma que anula a un mínimo guión y a sus obviedades. No hay secuencia donde hasta la escenografía pop distrae el movimiento de los protagonistas: amarillos, azules y celestes abundan hasta en las carpetas policiales. Las pareces están pintadas con una diversidad de tonos que contrastan con los ambientes en que se desenvuelve la historieta. Los bares son solitarios y con cocinas siempre encendidas y mesas vacías que parecen de plástico. Los barcos del puerto niegan los colores muy oscuros como las casas de las laberínticas callejuelas ostentan colorados intensos, anaranjados de escenarios de comedia made in USA y así domina un trabajo fotográfico (son tres los que están a cargo del rubro) que impresiona y parece hecho para negar las palizas entre policías y ladrones, feroces tiroteos, sangrientas balaceras y demás tipicidades de un género que se disloca, por momentos, entre el drama puro y la comedia.

Son tantas las sorpresas en la forma que baste con mencionar una cuasi extravagancia: por ejemplo, un bandido pelea con Woo encarnizadamente hasta tomarse de las manos para evitar los golpes cuando la banda sonora irrumpe con un tango modernísimo.

Las escenas filmadas en un tren son un jolgorio para el espíritu circense del camarógrafo que se luce con malabares inimaginables a medida que el espectador se olvida de la persecución policial para atrapar al malo de Sungim por entretenerse en el logro de los juegos de cámara. Y así todos los más de 100 minutos.

Para lucir tanto desparpajo visual, el director Myung-Se Lee rueda diez minutos iniciales en un blanco y negro crudo, fotografá rostros desagradables y trifulcas violentísimas. De repente se produce un asesinato en una callejuela y los detectives emprenden la búsqueda del culpable entre travellings interminables, conversaciones separadas del espectador por espejos, confesiones tras ventanales o tapadas por medianeras -cuando no por muros-, y hasta toda una cacería en un tren filmada desde el exterior, con una lluvia interminable y cuyo desarrollo se sigue desde afuera de los vagones.

Eso que llaman estilo se divorcia de lo que se cuenta. De ahí la dificultad, nacida de la desorientación, con la que el espectador se asoma a las aventuras de la pareja de policías (Woo luce una remera de cuatro colores).

Hay referencias evidentes a clásicos del cine: la escena del columpio con un Kim que llora arrepentido de haber matado por primera vez en su carrera, es casi un calco de los últimos planos de “Vivir” (1949) de Akira Kurosawa; el final es una referencia directa a “El tercer hombre” (1952) de Carol Reed; y así se pueden describir links homenajeadores en una pantalla donde el hombre de la ley se ríe sin motivo o se emociona avergonzado por el compañero lastimado. Hay planos asombrosos: une enorme gota de transpiración que desciende, hasta caer en el dedo de una mano tensa.

Tampoco falta cierto cinismo ante la justificación del comportamiento fascista de los policías que parecen pandilleros del Bronx: “Los jueces de dedican a juzgar. Los abogados a inventar excusas. Los policías a matar a los delincuentes”, vaya como muestrario de este curioso exponente coreano que se puede encontrar en videos bien provistos y en una copia de calidad.

Vale la pena ver. Para conversar entre adictos al cine. Y revivir el antiquísimo debate referido a la forma y al fondo, a ese difamado y aplaudido estilo del cine de autor. Nada nuevo bajo el astro rey, ya se sabe.


HERNANDO HARB

LA NANA de Sebastian Silva (CHILE 2009) - Arnaldo H.Corazza

miércoles, 22 de septiembre de 2010 en 18:25





















LA NANA
de Sebastian Silva



Ficha Tecnica:
Dirección: Sebastián Silva
Guión: Sebastián Silva y Pedro Peirano
Fotografía: Sergio Armstrong AFCH
Producción: Gregorio González
Montaje: Danielle Fillios
Año: 2009
Duración: 96 min
Formato Original: DVCPRO HD (P2) 1080p 23.98fps
Elenco: Catalina Saavedra, como la nana, junto a Claudia Celedón, Mariana Loyola, Anita Reeves, Delfina Guzmán, Andrea García-Huidobro, Mercedes Villanueva, Alejandro Goic, Agustín Silva y Luis Dubó.

Premios:
Sundance Film Festival: Gran Premio del Jurado de Cine Internacional/Ficción, Premio Especial del Jurado de Cine Int./Ficción a la Actuación, Catalina Saavedra
Miami International Film Festival: Mención Especial del Jurado, Mejor Actriz, Catalina Saavedra Premio Jordan Alexander Ressler al Mejor Guión International Film Guide Inspiration Award-Fribourg Film Festival: Talent Tape Awar- Sarasota Film Festival: Mejor Película Narrativa- Festival de Cine de Guadalajara: Premio FIPRESCI- Festival de Cine de Cartagena de Indias: Premio de la Crítica Especializada India Catalina a la Mejor Actriz (Catalina Saavedra)- Off Plus Camera Film Festival, Polonia: Cracow Film Award- Festival de Cine de Transilvania: Premio a la Mejor Actuación: Al Elenco Completo de La Nana

Raquel, la amargada e introvertida criada de la casa de los Valdés, con quienes ha trabajado por 23 años, ve peligrar su puesto cuando éstos contratan a una nueva empleada que le ayude durante su convalecencia. Raquel se dedica a hacerle la vida imposible a las nuevas nanas. Esta mecánica se repite una y otra vez hasta la aparición de Lucy, una mujer de provincia que logrará penetrar la coraza de Raquel.

Es un film pequeño, filmado casi totalmente en interiores, casi sin musica, que aborda la vida de una criada bien tratada en la casa de los Valdes -de clase alta- pero que vive sumergida en la misma casi sin lazos con el exterior. Esta muy bien filmada, me reconcilia con el cine chileno actual, con una actuación estupenda de Catalina Saavedra, personaje casi excluyente del film. La aparicion de Lucy, otra criada -despues de otras rechazadas por Raquel- le abre el camino al afecto y a otras perspectivas. Me parece muy meritorio el trabajo de su director Sebastian Silva, que con su camara va mostrando los problemas psicologicos de la nana -criada- y sin pretender efectuar una critica social de alguna naturaleza, nos muestra los dos mundos distintos, que conviven en una misma casa. Para quienes disfrutan de un buen cine intimista, pequeño, es altamente recomendable.


Puntos de 1 a 5: 4 puntos

ARNALDO H. CORAZZA

EL HOMBRE DE AL LADO de Mariano Cohn & Gastón Duprat - HERNANDO HARB

en 7:13



















EL HOMBRE DE AL LADO

de Mariano Cohn & Gastón Duprat

EL HOMBRE DE AL LADO

Argentina, 2009

Género: Dramática

Dirección: Mariano Cohn & Gastón Duprat

Producción: Fernando Sokolowicz

Guión original: Andrés Dupat

Asistente de dirección: Diego Bliffeld

Fotografía en colores: Gastón Duprat – Mariano Cohn

Camarógrafa y Montaje: Jerónimo Carranza

Música: Sergio Pángaro

Dirección artística: Lola Llaneza

Intérpretes: Rafael Spregelburd (Leonardo) – Daniel Aráoz (Víctor) – Eugenia Alonso – Inés Budassi – Juan Cruz Bordeu

Filmada en la Ciudad de La Plata

Duración original: 110 minutos (1)

Fecha de estreno en la Argentina: 2 de setiembre de 2010

Calificación: Sólo para mayores de 13 años


Magnífica película la de Mariano Cohn y Gastón Duprat, responsables también de la fotografía, sobre un relato original (en el amplio significado de la palabra) de Andrés Duprat .

Exhibida en algunos certámenes de cine y elogiada por la crítica local, la historia parece sencilla (o sea, no simple) y se remite a un problema edilicio entre dos hombres que viven en La Plata y cuyas condiciones sociales son diferentes.

Leonardo es un petulante, diseñador de muebles modernísimos, un envidioso de sus alumnos que lo supera en creatividad, vanidoso, capaz de elogiar el horrible trabajo de otra discípula con tal de tener una aventura en tanto la histérica de su esposa y la autista de su hija Lola están de viaje. Él, su menopáusica mujer y la adolescente descendiente habitan el luminoso edificio creado por Le Corbussier (6 de octubre 1887- 27 de agosto de 1995), único sello del famoso artista que se construyó en La Plata y que se le conoce como Casa Curutchet. De vez en cuando una doméstica provinciana limpia los extravagantes muebles, atiende el llamativo teléfono para repetir las indicaciones engañosas del patrón y acceder a responder lo mínimo posible en tono provinciano a las visitas. En fin, Leonardo es uno de clase media en ascenso, insoportable, egocéntrico y sin afecto por nadie.

Víctor es “el otro” personaje. Es el “vecino de al alado” que abre una ventana que da a uno de sus enormes ventanales de la famosa casa visitada y fotografiada por turistas que habita el anteojudo arribista. Es su opuesto, en cierto modo. Nunca conoceremos el interior de su vivienda. Su deseo mayor, por el momento, es mandar a hacer esa pequeña ventana (yan antiestética y peligrosamente “voyeurista”) que le permitirá disfrutar de “unos rayitos de sol”.

A los dos los desune esas diferencias establecidas por la cultura impuesta por un sistema determinado. Víctor admira “el exterior” de Leonardo. Leonardo se burla el que ofrece Víctor. Son dos clases de tipos parecidos en sus pretensiones: las apariencias significan mucho. El “inculto” Víctor lucha por crear “su agujero lumínico mínimo” que el “prestigioso” Leonardo le niega de todas las formas posibles.

Es el enfrentamiento de dos mundos que de algún modo se entrelazan. El “vecino” admira al hombre que se codea con gente de un medio social diferente del suyo, ejercerá la lógica mimetización que una relación como ésta provoca, y uno tomará “algo” del “otro”, y viceversa. Es una consecuencia inevitable en la relación entre dos hombres bien diferenciados que se vinculan demasiado.

Es el abecé de la psicología. Es lo (i)lógica interrelación compartida.

Leonardo se asombra de que su “enemigo” defienda por amor a su viejo tío, a quien cuida por padecer de Alzheimer. Claro, él no puede ni darle un beso a esa hija escudada en sus audífonos y saltando en una cuerda. Es más, defiende “su estética mobiliaria” y ni necesita mantener una conversación con su cónyuge.

Víctor lo invita a su camioneta a conversar su problema de la ausencia de “unos rayitos de sol”, lo invita a matear y le habla lo poco que puede decir de su rutinaria vida.

Leonardo se reunirá con unos amigos a almorzar y criticar al “increíble” vecino, que frasea sin pronunciar las eses finales, que usa el lunfardo, que desconoce “lo bienudo” que significan los divanes minujinescos ,

Pero que le sirven la yerba en un mate que tiene senos de mujer y que se venden como “recuerdos playeros en San Bernardo”.

Cohn & DuPont radiografían a dos argentinos con la habilidad de los que están dispuestos a que los que viven en Buenos Aires se reflejan en espejos auténticos, no los que abundan en los circos y que reflejan cuerpos deformados para mostarnos que no podemos ser así, que somos los mejores del mundo, y que “la otredad” nos divide como corresponde.

Yo no es lo mismo que ése.

mundo no es el de “aquél”.

El señor Leonardo” no es el “vecino de la otra casa tipo conventillo”.

Pero el juego que plantea el guionista cómplice del estupendo dúo de directores, Andrés Duprat, sabe que en algún punto de la convivencia estos “opuestos” comparten una realidad que nos envuelve a todos. Esa realidad que estalla al final, cuando la mentada “inseguridad” irrumpe y, de pronto, “uno” –no digamos quién- defiende los valores queridos por “el otro” –no soplemos quién- para demostrarnos què complejos podemos ser los humanos por separarnos por creaciones culturales (estilos pasajeros, palabras “a la moda”, el dinero que puede comprar al mismo Sol) y no acercarnos más. Para saber que somos todos nacidos del mismo “palo”. Lo que viene por añadidura son los disfraces que nos separan hasta no distinguir lo parecidos que somos. Y sí, como astillitas de ese “palo”.


(1) En Estados Unidos se exhibió con una duración de 103’.


HERNANDO HARB

ULTIMOS AÑOS DE INFANCIA de Norbet Kückelmann - Hernando Harb

lunes, 20 de septiembre de 2010 en 7:08















ULTIMOS AÑOS DE INFANCIA
de Norbet Kückelmann

DIE LETZTEN JAHRE DER KINDHEIT

Traducción: Últimos años de infancia

República Federal de Alemania, 1979

Dirección y libro: Norbert Kückelmann

Producción: FFAT, Film- Fernsehproduktionsesellschaft für Autoren-Team mbH, Munich

Fotografía en color: Jürgen Jürgens

Montaje: Jane Seitz

Sonido: Hajo von Zündt

Música: Marcus Urchs

Intérpretes: Gerhard Gündel (Martin) – Dieter Mustaffot – Karl Obermaier – Leopoldine Schwankenkel – Manfred Rendl

Duración: 104 minutos

No estrenado en la Argentina.

El cine alemán es casi un ausente en las pantallas argentinas. Hace poco más de cuatro décadas hubo algunas distribuidoras que comerciaron con filmes germanos de bajo nivel comercial: comedias musicales, dramas sexuales, policiales donde el eje central era la trata de blancas, y hasta se llegó a filmar una coproducción con la Argentina con el objetivo de promocionar Bariloche. Quedaron en el recuerdo las pseudobiografías de la emperatriz “Sissi” y el encanto de Romy Schneider, quien se asentaría en Francia para interpretar papeles muy alejados de su idiosincrasia.

El nombre de Norbert Kükelmann era (y lo es) un desconocido entre el público local. Lamentable. Salvo alguna semana dedicada al cine alemán o una exhibición por un día en algún selecto videoclub permitieron un acercamiento a uno de los hombres de cine más importantes de un (por entonces) renovado cine de la entonces República Federal Alemana.

Los ladrillos en la supuesta wall conservaban su prestigio de estandarte mutuo.

Este filme traducible como “Últimos años de infancia”, cuyo argumento original le pertenece, es uno de los más terribles documentos referidos a la infancia marginal en una ciudad. Intenta mostrar hechos alrededor de un niño de 12 años que vive con su familia en un suburbio. Kükelmann utiliza el método gratificante de la exposición sin señalar culpables: éstos, al fin de la proyección, somos todos. La piedad no es suficiente. Claro, para los voyeurs complacientes protegidos por las penumbras y un pañuelo que seca la mirada culposa.

El personaje central y (casi) dominante es el de Martín. Autor de asaltos menores que ingresan a un prontuario que la policía urbana conoce al dedillo. A los 13 años, acompañado por su hermano y algunos integrantes de su banda barrial, asaltan una obra en construcción. Las autoridades lo recluyen en un sórdido reformatorio. Es el principio del periplo de un ladronzuelo que crece (físicamente) para repartir sus días entre médicos apresurados, uniformados del orden sin interés y miembros de juzgados de menores que apenas lo indagan.

“Es un caso difícil determina una autoridad que lo remite a un centro de terapia especial luego de sus reiterados delitos.

Apenas logra un diálogo amical con un terapeuta que parece calmar ese odio que desarrolla en su interior. “Ellos no son tan malos” parece decirse al calmar sus miedos ante una naciente confianza en los que lo guían con un soplo residual de afecto. Será inútil: los jefes de la sociedad no ven con buenos ojos el compromiso afectivo con un interno.

Lo que sigue es una larga cadena de escapes, internaciones y ausencia de lazos emocionales. La furtiva relación con Susanne, una adolescente de 15 años que huyó de su casa, insinúan que algo parecido a eso que llaman felicidad aparece en su vida justo cuando un autoritario protector de la paz ciudadana le recuerda que acaba de cumplir una edad que lo ha hecho ingresar a lo que se denomina “responsabilidad penal”.

En realidad, Martín es un condenado eterno. Lo intuye; lo sabe; lo admite; lo acepta.

En una escena seca, cortante y fría como una cuchillada que penetra en la piel del espectador arrebujado en su butaca, Martín en la húmeda celda adopta clausurar esa coartada que para él es la vida: se ahorca con un cinturón.

El epílogo del filme muestra a las autoridades patriarcales de una desoladora Munich preocupadas por descubrir de qué modo consiguió el cinturón…

Kückelman escribió su libreto siguiendo paso a paso un caso real: el de Norbert R., quien en 1972 abandonó su vida de carreras, interrogatorios, camastros solitarios y protestas vanas en 1972. Cumplía prisión preventiva en la cárcel de Stadelheim.

El trabajo de Gerhard Gundel es estupendo. Su mirada trasmite agobio, morigerada por suspiros de rebeldía y silencios que se parecen demasiado a la ausencia de respuestas ante tantos interrogatorios vacuos, en los que las preguntas esenciales están ausentes como una caricia (aunque más no sea furtiva) de algún humano.

Notable realización de Norbert Kückelmann (Munich, 1930), confundidor del Kuratorium junger deutscher fil, del cual fue miembro de su comité ejecutivo hasta 1971.

Desconocer a este director confirma que en este mundo sardónicamente apodado globalizado hay talentos (en todas las áreas) dedicados a hacer de este mundo algo mejor habitable, pero que la ambición por lo material, la cobardía por no defender a los débiles atacados injustamente y la cobardía que (suponemos) protege lo que llamamos nuestro han triunfado.

Tal vez no sea muy tarde. Aunque más no sea para buscar la realización de un creador.

HERNANDO HARB

LA SOCIEDAD DE LA NIEVE de Gonzalez Arjon - Hernando Harb

sábado, 18 de septiembre de 2010 en 16:18




















LA SOCIEDAD DE LA NIEVE


Argentina – Uruguay, 2009

Género: Documental

Distribución internacional: Lions Gate Films

Dirección: González Arjón

Producción: Marc Silvera

Productora: Cinematográfica César Charlone – Pablo Hernán Zubizarreta

Fotografía: Blanco/Negro y color

Idioma: Castellano

Intérpretes: Los 16 sobrevivientes: José Pedro Algorta • Roberto Canessa • Alfredo Delgado • Daniel Fernández Bobby François • Roy Harley • Coche Inciarte • Álvaro Mangino • Javier Methol Carlos Páez • Nando Parrado • Moncho Sabella • Fito Strauch Eduardo Strauch • Tintín Lucas Zerbino Payssé • Martín Zerbino Payssé -Sebastian Zerbino Payssé Vizintín • Gustavo Zerbino.

Y José Gilberto Bravo Castro • Laura Inés Canessa • Antonio Caruso Juan Catalán • Sergio Catalán • Jorge Massa • Juan Pedro Nicola Mateo Nicola • Carlos Páez Vilaró • Madelón Rodríguez • Alejandra Strauch Gustavo Zerbino Payssé •

Duración original: 127’

Estreno en el Uruguay: 15 de octubre de 2009

Duración del DVD distribuido en la Argentina: 105’

Calificación: Sólo para mayores de 13 años


Excelente filme documental sobre un trágico episodio del avión F27 caído en la Cordillera de los Andes , que viajaba con destino a Santiago de Chile con cuarenta y cinco pasajeros, en su mayoría rugbiers con el propósito de representar a su país, la República Oriental del Uruguay, en varios partidos.

La película, mediante un estratégico montaje, combina hechos reales filmados por la prensa del mundo (partida, llegada de los 16 pasajeros que vencieron a la muerte) con filmaciones y fotografías de los desesperados sobrevivientes del episosio inscripto en el imaginario

Coplectivo. En el medio reproduce declaraciones de los viajeros de entonces, ya casados, acompañados algunos de sus esposas e hijos, reunidos la fecha de la caída para rezar y, en una humilde ceremonia, rememorar a sus seres queridos y a sus compañeros y camaradas de equipo.

El resultado es estupendo. La veracidad de las imágenes impactan al espectador. Es más, el desarrollo de la tragedia –con todos sus pormenores, incluidos detalles comentados desde diferentes puntos de vista en su momento- no evade el mecanismo del suspense, o sea la sensación permanente de desconocer el epílogo y revivir las situaciones como si se tratase de un auténco filme de ficción.

El comparar esta “Sociedad de la nieve” con una versión estadounidense de 1993 titulada “¡Viven!” -dirigida por el artesano Frank Marshall y basada en un oportunista best seller- es una demostración de la distancia existente entre la honestidad y la malicia de ma major de USA.Ni qué hablar si osáramos referirnos a otra versión mexicana de penoso recuerdo y de fugaz trayectoria.

La historia iniciada a la madrugada del 12 de octubre de 1972, cuando ascienden en un avión pequeño 45 seres que no saben que comienzan a inscribirse en una de las páginas más penosas de la historia de las tragedias mundiales, es vista con una mesura inédita en este tipo de transcripciones a la pantalla. La que continúan con los pesares vividos por los jóvenes deportistas del Old Christians, que tras una escala en Mendoza se estrelló en la blancura andina, sólo sobreviviendo del impacto 29 que habrían de vivir una odisea de llanto donde las decisiones a tomarse se debaten en medio de la naturaleza amenazante y el espíritu cristiano.

Cuando Fernando Parrado y Roberto Canessa se topan con un arriero, el espectador asiste a un momento en que la película combina la emoción de un western y la belleza de una historia casi mística a pesar de contemplar los cuerpos famélicos de 16 seres que supieron hacer del esfuerzo una herramienta creada con la fe y el estoicismo.

Gran trabajo dedirector argentino nacido en Montevideo Gonzalo Arijón quien ha cumplido con una tarea minuciosa digna de incorporarse a un volumen de historia. Los 72 días padecidos por la gente del Fairchild F-227 no creemos que pueda ser transcripta con mejor idoneidad que la de este prometedor realizador de una película aplaudida en numerosos festivales. Con mencionar la ovación recogida en el Festival de Sundance basta para recomendarla.

No se van a arrepentir y es inevitable aclarar que evade los golpes bajos, sin evitar con puntillosa serenidad los instantes más riesgosos de transmitir al gran público.


Hernando Harb

AMELIA de Mira Nair - Hernando Harb

miércoles, 15 de septiembre de 2010 en 16:47





















AMELIA

de Mira Nair


Título original: ídem

Estados Unidos – Canadá, 2009

Género: Biografía/Drama

Hablada en inglés

Dirección: Mira Nair

Producción: Lydia Pilcher

Guión: Ronald Bass –Anna Hamilton Phelan

Libro: Susan Butler

Música: Gabriel Yared

Fotografía en colores y blanco/Negro

Fecha de estreno en los Estados Unidos: 23 de octubre de 2009

No estrenada en la Argentina

Intérpretes: Hilary Swank (Amelia Earhart) -Richard Gere (George Putnam) – Ewan McGregor (Gene Vidal) – Christopher Ecclestone (Fred Noonan) – Joe Anderson (Bill Sluter) – Joe Anderson (Eleonor Roosevelt)

Duración del DVD distribuido en la Argentina: 90’

Duración original: 111’

Calificación: Sólo para mayores de 13 años


Amelia Earhart aún es un ídolo de USA. Fue la primera mujer que atravesó el Océano Atlántico en 1928, en carácter de pasajera de un avión primitivo manejado por dos simpáticos y tolerantes aviadores.

Su hazaña mayor fue su máximo deseo de convivir en medio de nubes que para ellas son espejos de las aguas que la saludan poéticamente (de estas frases hay muchas en off escritas por Amelia): para cumplir el objetivo de la fama fue sobrevolar el Pacífico con un solo copiloto, un dipsómano llamado Bell Sluter: se perdieron en el misterio un 2 de julio de 1937.

El gobierno montó un aparato de búsqueda enorme, pero los resultados fueron nulos. No se sabe de qué modo murieron, de qué manera se produjo el supuesto desperfecto y vaya a saber si en el final se acordó del único hombre que adoró desde que fue niña, su padre, un hombre que la defraudó por su adicción al alcohol (único detalle más o menos concreto que explicaría su conducta de aficionada a la aviación y sus amores un tanto complejos justificados por su ansia de libertad.

La película es eso: una biografía escuálida armada con secuencias muy coloridas –los paisajes parecen postales dignas de coleccionarlas- y retazos de documentales. Nada más en casi 100 minutos.

Pobreza argumental para rendir un homenaje que sugiere un momento de la evolución femenina en la escala económico-social. Hay referencias mínimas a la Gran Depresión, muchas charlas sobre motores y desvaídas conversaciones sentimentales no muy explicitadas.

Lo que llama la atención es que este producto estuviera a cargo de Mira Nair, una directora hindú que vive entre su país de origen y los EE.UU., de ahí algunos de sus títulos son una especie de tratado de convivencia entre ambos países. Lo que no se puede olvidar que filmó títulos importantísimos. Su filmografía incluye una curiosa denuncia de racismo por parte de los hindúes hacia los negros, envuelta en una historia que remeda a los shakesperianos Romeo y Julieta, y que protagonizara un desconocido Denzel Washington en 1991 con el título de “Missisippi Masala”. Además dirigió una conmovedora “Salaam Bombay!”, en la que reflejaba una India marginal con la mirada puesta en la infancia esclavizada. Pero no es todo, fue ganadora de un un premio internacional en Venecia, y hasta se burló del “Kama Sutra”, filme que subtituló “Un cuento de amor” (A tale of love) en 1996, que no fue comprendido en su propósito por la mayoría de los críticos internacionales, bajo los efectos de la desorientación que a veces los ataca.

Nair tiene en su haber otros títulos de interés, lo que resulta incomprensible haberse subido a la avioneta de esta “Amelia” de la que sólo puede decirse que es aburridísima, filmada con un desgano tan evidente que hace difícil que ella esté detrás de la cámara.

De los actores sólo merece un discreto elogio el ascendente Richard Gere. La actuación de poco femenina Hilary Swank hace dudar del acierto de la elección del jurado de la Academia de Hollywood al galardonarla con la baqueteada estatuilla anual.

Pero lo peor es que al conocer cuáles fueron las secuencias eliminadas antes de su estreno con el posible objetivo de disminuir el metraje uno no comprende el porqué de una mutilación que permitía entender varias reacciones de la aviadora de marras, enmarcar su vida en los momentos sociales que vivió y tratar de bucear las razones que la indujeron a querer ser tan libre que prefirió concretarlas ascendiendo a un pájaro creado por el hombre y dejar en la tierra todo por lo que vale pelear y, sobre todo, proteger con amor. Proezas de la industria y sus manejos tan desacertados de un tiempo a esta parte.


HERNANDO HARB

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