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Murio Leonardo Favio

lunes, 5 de noviembre de 2012 en 15:27








MURIO LEONARDO FAVIO
 Una gran perdida para el cine argentino

Fuad Jorge Jury, más conocido por su sobrenombre artístico Leonardo Favio (Luján de Cuyo, Mendoza, 28 de mayo de 1938 - 5 de noviembre de 2012), fue un productor y director cinematográfico, guionista, compositor, cantante y actor argentino. Con sus películas ganó premios nacionales e internacionales, considerándosele un director de culto exitoso y respetado. Sus películas Crónica de un niño solo y El romance del Aniceto y la Francisca han sido consideradas como las mejores de la historia del cine argentino en dos encuestas entre especialistas.  En el año 2000, el Museo Nacional de Cine Argentino realizó una encuesta entre cien críticos, historiadores e investigadores de cine de todo el país. La consigna era «Cuáles son los 100 mejores films del cine sonoro argentino», dando como resultado Crónica de un niño solo el mejor film (con más del 75 % de los votos). En 1998 la revista Tres Puntos (Argentina) hizo una encuesta a cien personalidades del ambiente cinematográfico (desde directores y actores hasta reflectoristas y escenógrafos) con la consigna «Elija las cinco mejores películas argentinas de la historia y el mejor director cinematográfico». La película ganadora resultó ser El Romance del Aniceto y la Francisca y Favio el elegido como mejor director, ambas distinciones por amplia mayoría. Como cantante fue uno de los precursores de la balada romántica latinoamericana en las décadas de 1960 y 1970, alcanzando el éxito en toda América Latina. Entre sus canciones más populares se encuentran Fuiste mía un verano, Ella ya me olvidó, Para saber cómo es la soledad (Tema de Pototo) de Luis Alberto Spinetta y Chiquillada de José Carbajal. Sus canciones han sido versionadas en más de catorce idiomas. Una parte sustancial de la vida de Leonardo Favio se relaciona con su adhesión y militancia en el Peronismo. Resultado de ello es su película Perón, sinfonía del sentimiento de 1999, un documental con una duración de 6 horas. Nació el 28 de mayo de 1938, en el distrito de "las Catitas" (Departamento de Santa Rosa), de la Provincia de Mendoza, aunque pasó parte de su niñez en Luján de Cuyo. Nació en un barrio pobre y complicado, donde soportó el abandono de su padre. Pasó gran parte de su infancia internado; conflictivo, siempre escapó o se le expulsó. Una serie de robos pequeños le llevó incluso a la reclusión carcelaria. Estudió un tiempo como seminarista y más tarde intentó en la Marina: duró poco y se marchó con el mismo uniforme con el que sirvió a pedir limosnas en la Estación Retiro de ferrocarril. Su madre, escritora de radioteatros, solía conseguirle "bolos" (pequeños papeles escasamente remunerados) en Mendoza; etapa en la que además comenzó a preparar sus primeros libretos.  En 1976 dejó Argentina, exiliado por la dictadura que sacudió al país hasta 1983. Comenzó entonces una gira por América Latina, donde vivió casi dos años junto a su familia. Luego se estableció en Colombia, en la ciudad de Pereira, desde donde realizaba giras por varios países del mundo, interpretando sus afamadas canciones. De regreso en Argentina, año 1987, reinició su carrera como realizador cinematográfico (filmó Gatica, el Mono, 1993) y continuó paralelamente la de cantautor, esta vez en giras más cortas debido al tiempo que le brindaba al cine. Entre 1996 y 1999 realizó un documental – sin estreno comercial- titulado Perón, sinfonía del sentimiento. Favio relata en cinco horas y cuarenta y cinco minutos la situación de Argentina entre la Primera Guerra Mundial (1914-1918) y la muerte de Juan Domingo Perón (1974).
Su última obra es Aniceto. Favio interpreta el tema musical que cierra el film, el que a su vez es obra de su hijo, el músico y compositor, Nico Favio -premio Clarín al artista revelación 2005 por "Rodeado de Buenos Aires" y las actuaciones del incipiente "Material Pesado".
Una parte sustancial de la vida de Leonardo Favio ha estado vinculada a su actuación en el peronismo. Él mismo ha dicho:
Yo no soy un director peronista, pero soy un peronista que hago cine y eso en algún momento se nota. En ningún momento yo planifico bajar línea a través de mi arte, porque tengo miedo de que se me escape la poesía.
Leonardo Favio.5
Se incorporó al peronismo desde muy joven, impulsado por su propia experiencia positiva de los dos primeros gobiernos del presidente Juan D. Perón (1946-1952; 1952-1955), durante su niñez.5 Favio ha definido su pensamiento a partir de una concepción popular de la religiosidad católica y del culto a la Virgen María,5 sosteniendo que para él "Dios está al centro de todo; a la izquierda suelo llevar a la gente y a la derecha la estética".6
En 1972 fue invitado por Juan D. Perón a acompañarlo en el avión que lo llevó de retorno a la Argentina, luego de 18 años de exilio. Favio compartió el vuelo con otros invitados pertenecientes a las diferentes líneas internas del peronismo, entre los que se encontraban también Abel Cachazú, Antonio Cafiero, Héctor J. Cámpora, Hugo del Carril, Eduardo Luis Duhalde, Rodolfo Galimberti, Nilda Garré, Raúl Lastiri, Raúl Matera, Carlos Menem, el padre Carlos Mugica, Rodolfo Ortega Peña, José López Rega, Marilina Ross, José Ignacio Rucci, José Sanfilippo, Jorge Taiana, etc.
El 20 de junio de 1973 fue designado por los organizadores para ser el conductor del acto que iba a realizarse en los bosques de Ezeiza, con motivo del retorno definitivo de Perón a la Argentina. En la ocasión se produjo un grave enfrentamiento armado entre sectores internos del peronismo, conocido como la Masacre de Ezeiza. Debido a su función, Favio ocupó un lugar central en el palco, en el cual cumplió un ambivalente y dramático papel pues varias veces usó el micrófono para lanzar las consignas y acusaciones que le indicaban los jefes de la banda del palco. En algún momento fue al Hotel de Ezeiza donde los parapoliciales tenían retenidas personas a quienes estaban torturando y, llorando, los amenazó con hablar y contar todo si no paraban con la masacre.7 Desde los altoparlantes, Favio pedía cordura, mientras portaba una pistola y se efectuaba una suelta de palomas "como un símbolo de paz" mientras simultáneamente caían francotiradores.8 Horacio Verbitsky transcribe los pedidos de Favio desde el palco pidiendo que las personas que estaban sobre los árboles descendieran y se pregunta si sabía que una parte de ellos era personal de la custodia. El actor alternaba mensajes de paz y pedidos de cantar el Himno nacional con manifestaciones acerca de que los enemigos ya habían sido visualizados, sin referir quiénes eran y qué se proponían. Debió buscar refugio de los disparos tendiéndose en el piso del palco.9
En 1967 había formado pareja con María Aleandro (María Vaner), notable actriz de ideas de izquierda, con la que tuvo dos hijos.10 Aunque en 1973 se separó, un año después María Vaner fue amenazada de muerte por la organización terrorista de derecha Alianza Anticomunista Argentina. Debido a este hecho Vaner tuvo que exiliarse con los hijos de ambos en España.10 En 1976, ya instalada la Última Dictadura Militar, el mismo Favio debió exiliarse como lo hizo la mayoría de la gente relacionada o amenazada por los dictadores de esa época, para volver recién en 1987.
En 1994, comenzó a hacer la película Perón, sinfonía del sentimiento, por encargo de Eduardo Duhalde, cuando era gobernador de la Provincia de Buenos Aires.
En 2009, con motivo de la edición en DVD de su miniserie documental Perón, sinfonía del sentimiento, expresó al diario argentino Página/12:
Desde la primera presidencia de Perón, éste es el mejor gobierno que hemos tenido. Están reconstruyendo un país, después del bombardeo que hemos sufrido (...). Creo a muerte en este gobierno.
Favio ha actuado en el peronismo sin circunscribirse a ninguno de sus sectores internos ni desempeñarse como funcionario, aunque manteniendo relaciones habituales con el Padre Mugica (asesinado en 1974 por la La Triple A), un referente ineludible del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, y también con los sindicatos, con los que siempre mantuvo un vínculo estrecho.12 Sus simpatías más profundas, sin embargo, pueden deducirse de la dedicatoria de Perón, sinfonía del sentimiento, realizada en memoria de Héctor J. Cámpora, Hugo del Carril, Ricardo Carpani, Rodolfo Walsh, los trabajadores, los estudiantes y el Grupo de Cine Liberación (que integraran Fernando Solanas, Gerardo Vallejo y Octavio Getino). 

Discografía

  • 1968: Fuíste mía un verano
  • 1969: Leonardo Favio
  • 1970: En España
  • 1971: Vamos a Puerto Rico
  • 1973: Favio 1973
  • 1973: Hola Che
  • 1974: Era... cómo podría explicar
  • 1977: Este es Leonardo Favio
  • 1977: Nuestro Leonardo Favio
  • 1978: Hablemos de amor
  • 1978: En concierto en Ecuador
  • 1983: Aquí está Leonardo Favio
  • 1985: Yo soy
  • 1987: Amar o morir
  • 1988: Más que un loco
  • 1990: Te dejaré
  • 1993: Fuerza y sentimiento
  • 1997: En Viña del Mar
  • 1997: Me miró
  • 2000: De amor nadie muere
  • 2001: Romántico a morir
  • 2006: Un estilo
  • 2008: Voces del amor (sólo Argentina y Chile)
  • 2011: 30 grandes éxitos (2 CDs)
  • 2011: Leonardo Favio Hits Collection (Volumen 1 y 2)

Actuaciones

Filmografía (director)

Fuente Wikipedia

MURIO BLAKE EDWARDS - Hernando Harb

sábado, 18 de diciembre de 2010 en 8:46





















UN DIRECTOR INOLVIDABLE
SE DESPIDIÓ BLAKE EDWARDS, UN HOMBRE DE LUJO

A los 88 años de edad, se despidió de la vida Blake Edwards. La causa del deceso: derivaciones de una neumonía. Fue el miércoles pasado, en Mónica, California, donde Blackie –su sobrenombre- cerró los ojos para un mundo que estaba en constante desmoronamiento. Porque entre risas y gritos, con música de jazz, sus personajes vestidos de marinos, prostitutas, damas de alta alcurnia, caballeros millonarios, rufianes de cabaret, mujeres acosadas por un asesino y un desfiles de seres presididos por un invitado hindú a una fiesta por error Edwards vio siempre a un mundo que en sus ficciones finalizaba totalmente distinto al que era cuando comenzaban los primeros minutos del relato. Y el espectador contemplaba absorto, a capitanes desesperados por las tonterías devastadoras de aprendices que odiaban al submarino en el que debían viajar, a señoritas ambiciosas que desayunaban un emparedado ante la vidriera engalanada de joyas y se disponía a quitarse su modorra de juergas en los brazos de un gigoló que reconocía que el mundo era una jungla que apestaba, a invitados indios que sin querer hacían desmoronar un estilo de vida hasta el disparate y el desmayo, a todos de la mano creativa de un realizador que –se notaba- quería un mundo más humano, menos desesperado, más abierto, donde Víctor pueda ser Victoria (o al revés) ante el aplauso afectuoso de un policía -gordo, fortachón y de bigotes-enamorado de un homosexual que bailaba con un clavel apretado entre los dientes. Ése era -cuesta emplear el tiempo pasado- el formidable director, el sutil guionista, el esporádico actor de reparto y el afectuoso creador de seres de cuyos errores emergían triunfos, y él parecía darles una caricia en la cabeza, con la ternura del que perdona sus equivocaciones en una escenografía creada por gente que no comprendía el entorno destartalado que Claudine Longet con una sonrisa, unos rasgueos de guitarra y una voz de terciopelo despedía enamorada de un hombre cuyos apremios físicos no le impedían conmoverse ante tanto encanto. Nombrar los mejores títulos de su enorme filmografía puede ser reemplazada con mencionar a sus personajes: el inspector Clouzot en su saga atormentando a la policía francesa que no descubría nada salvo merced a los errores del seguro investigador al que hasta los objetos le impedían tener calma un instante; a Holly, esa muñequita de lujo nacida de la imaginación de Truman Capote, capaz de comprender que un desayuno ante la más lujosa joyería no era su felicidad aunque el hambre la misma que acosaba en París a Victoria Grant- la obligaba a recurrir a tretas; a Kelly, la acosada de “El mercader del terror” (1962) sólo tenía esperanzas en la astucia del policía “Rip” Ripley para descubrir al asesino en un estadio deportivo, que equivalía a buscar una aguja en un pajar; a los militares que debían soportar el juicio emitido por la pregunta “What Did You Do in the War, Daddy? “; o al matrimonio Cley destruyendo su amor entre vinos y rosas sin consuelo hasta casi perderse el uno al otro en un universo etílico en ruinas. Y así se podría seguir recordando a la chica 10 en su noche de sexo desparejo y descubriendo que la belleza no tiene mucho que ver si no hay amor. O al dúo Willis-Gardner en un boulevard que aún tenía los vestigios del muerto flotando en la piscina asesinado por luna orate gloria de Hollywood que deseaba la resurrección de la fábrica de sueños con un amante joven que -muerto- rememoraba el pasado: “Sunset” (1988), gran homenaje de Edwards a un gran colega Billy Wilder . La crónica se limita a recordar que un estupendo realizador nació un 26 de julio de 1922 en Tulsa, Oklahoma. Los que lo admiramos (¿y por qué no?) amamos preferimos pensar que se despidió hasta volver a encontrarlo en cada uno de sus filmes. Viendo que el mundo debe mejorar. Que la vida es una carrera enloquecida de coches que se dirigen a un progreso entre peligroso y victorioso. Entre flores, ambigüedades, mujeres comprensivas que se disfrazan de hombres y algún policía que cree que la justicia puede ser reformada para bien. Blake Edwards estuvo siempre acompañado por su esposa (Julie Andrews) y sus dos hijos adoptivos. Y en la repisa de alguna habitación suspiraría mágicamente el Oscar que la Academia de Hollywood le dispensara en el año 2004 como un premio a su carrera. Blackie, el mundo puede mejorar y ser una fiesta inolvidable lejos de Tiffany’s y con la compañía de un Clouseau agradecido.

Hernando Harb

EL DECESO DE IRVIN KERSHNER ENLUTA A HOLLYWOOD - Hernando Harb

miércoles, 1 de diciembre de 2010 en 14:49













“UN VERDADERO CABALLERO”
EL DECESO DE IRVIN KERSHNER ENLUTA A HOLLYWOOD

Los últimos días de noviembre la colonia cinematográfica de Hollywood se vio enlutada por dos decesos. Uno, el del popular comediante Leslie Nielsen (a los 84 años). El otro, el del destacado artesano Irvin Kershner (a los 87 años). "El mundo ha perdido a un gran director y una de las personas más genuinas que he tenido el placer de conocer," dijo el creativo de la famosa saga “La guerra de las galaxias” George Lucas. Agregó durante su funeral realizado el domingo pasado: “Irvin fue unn verdadero caballero en todo el sentido de la palabra. Yo lo conocía en la USC, asistí­ a sus clases y estaba en el panel de fiesta que dio el premio a mi corto Thx. Lo consideraba un mentor". En realidad Kershner fue un dúctil artesano, cuya filmografía ofrece llamativos títulos, algunos con toques creativos que permitirían asegurar que fue un disciplinado caballero de la industria hollywoodense, algo maniatado en su libertad formal. Nació el 29 de abril de 1923 en Filadelfia, Pennsylvania. En el ambiente de cine se lo conocía como Kirsh y era muy querido por ejecutivos, actores y técnicos de la poderosa industria. Falleció el pasado sábado 27, de un cáncer de pulmón, en Los Ángeles, California, y decidió darse a conocer su fallecimiento dos días más tarde por motivos desconocidos. Su nombre quedará en el recuerdo por haber dirigido la segunda parte de esa imponente diversión técnica que fue “La guerra de las galaxias”, esas aventuras bien armadas, adolescentemente relatadas y con filosofía oriental debidas a la inventiva de George Lucas. O sea que Kershner estuvo detrás de cámaras en “Empire Strikes Back” (“El imperio contraataca”, 1980) y no logró el éxito económico de la primera parte, lo que le originó alguna discusión con algún productor ejecutivo. Pero la gente aún recuerda el parricidio que el héroe Luke Skywalker (el impávido Mark Hamill) cometía al asesinar al villano de la historieta, su padre Darth Vader (el gran Alec Guinness en esforzada actuación ayudado por un stunt). Fue un dato que provocó cierta impresión en el público muy joven y originó alguna crítica negativa por algunos comentaristas que suponían que los padres son todos merecedores de triunfos y agradecimientos aunque pongan al universo en peligro. Hay que subrayar que en el guión figuró el nombre de un soberbio director como lo es Lawrence Kasdan. Y que el multifacético Frank Oz le prestaba su voz al extraño Yoda. Kershner también le dio vida a James Bond en “Never Say Never Again” (“Nunca digas nunca jamás”, con el irreemplazable Sean Connery quien compartía enemistades peligrosas con el perverso que componía el alemán ex Mefisto Klaus Maria Brandauer . En el casting figuraba el ex bergmaniano Max Von Sydow. Entre los mayores logros de Kershner están “The Return of a Man Called Horse” (“La venganza de un hombre llamado Caballo”, 1976) y “The Eyes of Laura Mars” (“Los ojos de Laura Mars”, 1978, un policial intrigante y sofisticado en el que se lució Faye Dunaway). Son dos títulos que merecerían volver a verse para ser apreciados en su justa medida. Irvin Kershner -quien se inició en el cine en 1958 con la ignota “Stakeout on Dope Street” e incursionó como actor en cinco títulos (el mejor fue “The Last Temptation of Christ” (“La última tentación de Cristo”, 1988, dirigida por Marin Scorsese, y en la que interpretaba a Zebedee)- será recordado como un laborioso artesano con el que Hollywood quedó en deuda. Suele pasar. Lástima que con mucha frecuencia.

Hernando Harb

SE SUICIDÓ MARIO MONICELLI - Hernando Harb

martes, 30 de noviembre de 2010 en 17:16





















UN GRANDE, MUY GRANDE SATIRIZADOR DE LA SOCIEDAD

SE SUICIDÓ MARIO MONICELLI


Quizá el último de los importantes satirizadores del cine, Mario Monicelli, falleció el lunes 29. El texto seco y sin emoción del cable comunica que el director italiano se suicidó a los 95 años arrojándose del quinto piso de un hospital romano San Juan. Padecía de cáncer de próstata.

Este hijo de un discreto periodista nació el 15 de mayo de 1915 en Viareggio, Toscana. Se encontró con la muerte el lunes 29 a las 5:59 a.m.

Su último trabajo para el cine fue un corto, “La nuova armata Brancaleone”, filmado a principios de este año coguionada con Mimmo Calopresti. Prefiero no figurar en los créditos del guión. Es un hermoso corto que dirigí con esfuerzo gracias a mi grupo de amigos”, declaró antes de internarse.

Fue un hombre que se encargó de satirizar a la sociedad en todos sus órdenes, sin importarle las clases sociales, sólo retratando sus grandezas e imperfecciones, con la ternura depositada en el profesor trotskista de “I compagni” (“Los compañeros”, 1963), o con la benevolencia de los ladronzuelos de “Rufufú” (1963, una burlona sátira al famoso policial de Jules DassinRififí”, 1955, conocida en la Argentina como “Los desconocidos de siempre”.

No hay duda, fue un certero retratista de un mundo social en crisis permanente, con sus vaivenes, polarizaciones, risas y llantos. Ex militante socialista, los años lo enfrentaron con el espejo del mundo y se dejó vencer por las oscilaciones comerciales irreparables en un medio difícil como es la industria del cine.

Lo que no le impidió filmar una maravillosa biografía sobre el música preferida por su colega Federico Fellini, Un amigo magico, el maestro Nino Rota” (1999)

o el ácido “Caro Michele” (1976, no estrenado en la Argentina, pero difundido esporádicamente por cable), donde el personaje central nunca aparecía en escena pero vivía en la intimidad de su familia, de sus amantes, de sus compañeros militantes de distintas y distantes maneras.

Tampoco hay que olvidar que logró el mejor trabajo de la maravillosa Andréa Ferréol en “Viaggio con Anita” (“Viaje con Anita”, 1979) protagonizado por la estadounidense Goldie Hawn, un relato sobre la muerte, los prejuicios y las despedidas a lo lejos en un pueblito prejuicioso.

Sus puntos más altos los consiguió con “La armada Brancaleone” y su secuela “Brancaleone y las Cruzadas” (1966 y 1970), en que Monicelli disparó sus tiros al blanco para tomar en solfa a todas las instituciones a través de épocas dispares pero donde los hombres son inconfundiblemente hombres.

Ni olvidarse, es imposible, de “Un borghese Piccolo Piccolo” (“Un burgués pequeño pequeño”, 1971), en el que Alberto Sordi reflejaba la monstruosa venganza de un burgués dolorido por la muerte de su hijo.

Es cierto, Mario Monicelli fue un gran hombre de cine. Pero como tal siempre reconoció la enorme colaboración de su “armada Brancaleone” en los guionista Agenore Incrocci y Furio Scarpelli, un dúo conocido en el mundo de la creación de guiones maravillosos como Agge & Scarpelli. “A ellos les debo mis mayores éxitos. Son incomparables. Fueron más que mis hermanos, más que amigos míos, los he amado. Es que los guionistas son esos ignorados que debieran tener mayor propaganda, o tanta como la del responsable de la dirección”, comentó en un Festival de Cine marplatense cuando nos visitó para presentar su discreta “Las rosas del desierto” (coguionada por la desaparecida recientemente Suso Cecchi d’Amico, otra gran amiga de Monicelli.

El tándem Agge & Scarpelli está unido al nombre de este magnífico retratista de su época, un satiricón admirable, capaz de compartir con Fellini, Visconti y De Sica en la espléndida “Bocaccio ‘70” (1962) con un episodio con el aroma de los perfumes juveniles corrompidos por la sociedad industrial denominado “Renzo e Luciana”, con un reparto de debutantes. Enfrentó a las grandes estrellas de aquel filme, sin inmutarse. Las lógicas consecuencias fueron imaginables: se cortó el episodio y el filme se exhibió como una trilogía. Los que hemos visto el corto de Monicelli nos permite comprobar la ceguera de los distribuidores y el desamor por una de las artes más bellas: el cine.

Ese cine que acunó a Mario Monicelli y a su “armada de desconocidos de siempre” como fue Aggie & Scarpelli.

Toda despedida es triste. Pero algunas duelen más que otras.


Hernando Harb

GRACIAS, MAESTRO LUIS GARCÍA BERLANGA - Hernando Harb

lunes, 15 de noviembre de 2010 en 7:26













UN MARAVILLOSO PESIMISTA

GRACIAS, MAESTRO LUIS GARCÍA BERLANGA


Fue un talento. Un anarquista inconstante. El hombre culto que descendía a la aldea provinciana a descubrirles que 2x2 era una fórmula que los norteamericanos resolvían de un modo más complicado, con logaritmos y dibujos raros en el pizarrón de la escuelita de paredes descascaradas.

Fue el amigo de Rafael Azcona, se admiraron uno al otro, se ayudaron uno al otro, en el altar del cine. Era el hombre que se burlaba de la guerra, como corresponde: con una sonrisa amarga e interrogándose: “¿Hay algo más absurdo que la guerra?”.

Se fue de este mundo efímero, fantásticamente cruel, con el deber cumplido (a lo mejor sin saberlo) y observando al género humano: dispar, santo y disoluto, valiente y cobarde, resignado por el amor y atormentado por las lejanías del terruño amado o de los seres queridos.

Porque Luis García Berlanga fue eso y mucho más que el pobre lenguaje no logra explicar su importancia en este cosmos complejo cuyo orden trató de indagar sin rendirle pleitesía, odiando a los autoritarios de diestra y siniestra, lamentándose por la ignorancia de los humanos y por esa ambición que nos desvela hasta no poder ver a nuestro alrededor.

Nació el 12 de junio de 1921, en Valencia, Comunidad Valenciana, un lugar de su amada España, un sitio del complicado mundo que le tocó vivir.

Su último filme fue un corto (13 minutos) “El sueño de la maestra” (2002) estrenado en Madrid en 20 de diciembre del año en que lo realizó. Es casi seguro que en la Argentina no lo conoceremos, salvo que algún valiente se anime a exhibirlo en una función para amantes del cine.

París Tomubuctú” (1999) fue su último largometraje, exhibido hace unos meses por la señal de cable Europa Europa, una diadema en el ritual de la programación local. Era un filme imperfecto, pero con las señales del maestro: irreverencia, desplantes a las instituciones, pícaro, mujeriego y sobre todo enemigo del aprendiz de brujo que desoye el mensaje del deber.

En Buenos Aires, su nombre se difundió con “Bienvenido, Mister Marshall” (1953), estrenado en un par de cines de la hispánica Avenida de Mayo dedicados a la difusión de las novedades españolas. En plena era franquista García Berlanga se burlaba cariñosamente de los habitantes de un pueblito (presididos por una partiquina sevillana, Lolita Sevilla, y un anciano desorientado de todo y por todos (un maravilloso José Isbert) que esperaban la ayuda de USA para salvarse de la pobreza y sumarse a la carroza del progreso. El final borraba todo el jolgorio desplegado. La realidad se imponía: ¿qué podía importarle el Plan Marshall un pueblito perdido a la vera de un camino lleno de pancartas con los colores de la bandera de los Estados Unidos? Cruel, sardónico y tierno García Berlanga repetía la receta con su “Calabuig” o “Calabuch” (1956), que mostraba a un sabio norteamericano (el inolvidable Edmund Gwenn) perderse –feliz y auténticamente libre- en una localidad pueblerina donde la primitivez y el desconocimiento nuclear habían sido su motivo de vivir para que otros mueran. Maravilloso filme, que ninguna cinemateca argentina logra presentar para admiración de los jóvenes de esta actualidad de Harry Potter y maniqueos burladores familiares con un vaso de esperma donado a la mejor postor neoyorquina.

Luego “Los jueves, milagro” (1957), su trascendente “Plácido” (1961), el episodio de “Las cuatro verdades” -alumbrando la mediocridad de los otros tres segmentos- en 1962, y su obra maestra “El verdugo” (1963) osadía protagonizada por un soberbio Nino Manfredi representando al sucesor del encargado de dar el golpe de gracia de la pena capital establecida en España obligado por los apremios de la miseria.

Vendría el francés Michel Piccoli muriendo de amor por una muñeca artificial en “Tamaño natural” (“Grandeur nature”, 1974) –prohibida largo tiempo en la Argentina- donde se burlaría de “lo normal” y de “las leyes del amor” que el corazón establece aunque el origen esté en complejos freudianos.

Llegaría su obra maestra, “La escopeta nacional” (1978), nunca exhibida en nuestro medio, censurado por horrorizados estetas del prejuicio y el falso apostolado que se comunica directamente con el teléfono de Dios. Es una película descarada hasta la grandeza, atrevida hasta superar los límites del fanatismo, audaz hasta derrumbar los muros antiquijotescos que asustaban al Caballero y a su escudero.

Otros títulos poblaron su magnífica filmografía. “La vaquilla” (con guión de Azcona) con Alfredo Landa y José Sacristán, fríamente recibida por un público argentino desinformado y más cercano (año 1985) a las desventuras sexuales de europeos y norteamericanos castigados por Vietnam.

No hemos visto su aplaudido “Todos a la cárcel” (1985) con José Sacristán. La aventura que significa recorrer videoclubes tal vez permita lograr el honor de admirarla.

El 13 de noviembre a las 3:42 abandonó esta tierra Luis García Berlanga. El Alzheimer fue el culpable. No interesa, ni conviene detenerse. Su Valencia (amada) lo debe estar despidiendo con un silencio orgulloso. Los españoles con una sonrisa admirativa. Los que amamos al cine, como un abrazo fuerte, muy fuerte.

Aprendimos mucho con Usted, maestro.


Hernando Harb

Un famoso director británico boicotea la ley de ciudadanía israelí - Hernando Harb

sábado, 23 de octubre de 2010 en 14:24














El famoso director británico boicotea

la ley de ciudadanía israelí

MIKE LEIGH SE REBELÓ



El director de cine Mike Leigh anuló su viaje inminente a Israel. Estaba previsto para noviembre. Pero las declaraciones del hombre que realizó filmes tan famosos como el galardonado “Secretos y mentiras” (1997) y el polémico “El secreto de Vera Drake” (2004) dieron por tierra con el proyecto.

Sus declaraciones fueron terminantes: “La tan discriminatoria Ley de Fidelidad que el gobierno de Netanyahu aprobó fue la gota que rebalsó el vaso y me obligó a tomar mi irrevocable decisión”,

El británico proyectaba reunirse con estudiantes y maestros de cine y de teatro, pero transmitió su postura irreversible en un mensaje dolido dirigido a René Shor, un erudito del cine que se desempeña como director de la Escuela Superior de Cine Sam Shpiegel, de Jerusalén, con la que mantenía estrechos vínculos no sólo de amistad.

Hay que recordar que Leigh nacido el 20 de febrero de 1943 en Salford, Greather Manchester, England, Reino Inido, es de origen judío y tiene familiares cercanos viviendo en la capital israelí.

En la misiva enviada a su amigo, transmitida por las principales agencias noticiosas mundiales, explica el porqué de su decisión:

Conoces que no me resultaba fácil visitar Israel en estos últimos años. Me dejé convencer por los compromisos asumidos y por tu entereza.. El ataque a la flotilla solidaria a fines de mayo aumentó mis dudas, pero entonces no opté por anular mi viaje porque consideré que no tenía trascendencia mayor el no hacerlo.

“Pero, durante las últimas semanas de octubre se produjo la renovación de la construcción en los territorios ocupados, boicoteando las tratativas de paz. Para colmo en estos días el gobierno aprobó la denominada enfáticamente Ley de Fidelidad y no tengo más remedio que seguir los dictados de mi conciencia. Cuando se produzca una paz justa entre israelíes y palestinos no dudaré en cumplir con mi visita.”

Shor, su amigo, no estuvo de acuerdo con la suspensión del proyecto de conferencias y clases y le remitió una carta conocida por el gran público, en la que decía:

Querido Mike: sé que no tomaste tu decisión al paso, pero me es imposible aceptar tus razones. Los que esperan escuchar tus conferencias –estudiantes, profesores, artistas- no son el gobierno israelí ni son responsables directos de su política. En el boicot que hoy apoyas, confundes y obligas a confundir a las gentes ávidas de escucharte, con la política gubernamental que no eligieron.”

A la postura del realizador de “La felicidad trae suerte” (2006) se sumaron otras personalidades del arte que suspendieron su viaje, sumándose intempestiva y solidariamente.

La Ley de Fidelidad y otras que limitan los derechos de la población árabe en Israel -20% del total, se calcula- fueron motivo de una enorme marcha de protesta en pleno centro de Jerusalén el sábado de la semana pasada.

Son los eternos vaivenes de la dialéctica. Es una lástima. Como diría Clouzot: “Si todos los hombres del mundo…” .


HERNANDO HARB

EL (IN)OLVIDABLE HARRY LANGDON - Hernando Harb

martes, 19 de octubre de 2010 en 7:20



















EL (IN)OLVIDABLE HARRY LANGDON


Harry Langdon. Las nuevas generaciones no lo conocen. Algún cinéfilo lo idolatra. Ciertos (pocos) críticos lo resucitan en sus críticas. Es una de las más denigrantes injusticias que existen en el industrializado mundo del cine. Es, también, un genio olvidado en las pantallas de los cineclubes, los pocos que aún se mantienen en actividad. No sólo en el esquelético panorama argentino, también en las salas de arte del mundo. Son contadas las ediciones de libros dedicados a su carrera, que incluyó más de 96 filmes y una actividad de guionista admirable. Su imagen fue endiosada en los comienzos del cine. Sobrevivió a todos los obstáculos. Y hoy, en la cinemateca francesa, se exhibe “El hombre cañón” (Frank Capra, 1926) en un silencio respetuoso interrumpido por risas que transmiten melancolías, mensajes de amor y profecías de un mundo (de un cine) mejor, más honesto, menos falsario, más cercano al arte. Nació el 15 de junio de 1884, en Council Bluffs, Iowa. Falleció el 22 de diciembre de 1944, en California. Este memorable cómico estadounidense filmó cerca de 95 películas. Nuestro recuerdo más amoroso para su obra.

Reproducimos una breve nota escrita en el número 43 de la publicación española La Gaceta”, un órgano que editaba un cine club inmortalizado por sus socios: Luis Buñuel, Salvador Dalí, Ramón Gómez de la Serna, Guillermo de Torre, Rafael Alberti, Rosa Chacel y otros grandes nombres de la intelectualidad.

El artículo lleva la firma de Vicente Huidobro y data de 1928. Es un ejemplo de fineza, prosa poética y recordatorio digno de un grande del cine.)

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HARRY LANGDON

por Vicente Huidobro

El film se frunce, se impacienta, y la pantalla se disloca de risa. Harry Langdon atraviesa la tela con una ampolla de vida, ampolla de lágrimas peligrosas, y parece decir al mundo:

-Heme aquí: soy el nuevo gran cómico del cinema…

Había dos: era necesario un tercero para la formación del triunvirato. Evidentemente.

Ahora el telescopio descubre a Harry Langdon (cuando el “nova pictoris” se rompe en cuatro) en la célebre constelación donde Chaplin y Buster Keaton reinaban desde hace siglos.

Es divertido como un niño. Natural en el gesto cómico como Douglas en el atlético. Sin complicación, su risa llega a alcanzar la frescura bíblica. Es joven como Adán y tan fotogénico como Eva. Es el circo entre el Tigris y el Éufrates.

Ha perdido el paraíso y lo busca por las calles de Bueva York o en su bolsillo.

Juglar: con la vida y con la muerte, con la alegría y con el dolor, con la riqueza y la miseria como con platos, y se pasea por el peligro como por un campo de flores.

Puede mataros con una patata frita, pero resucitáis con miradas llenas de radium

Nada tiene importancia ni nada es trascendental. Todo muere al terminar un suspiro, todo recomienza en el pliegue de un beso y sabe saludar al público cruzando los pies para presentar en su mano derecha el ramillete de su sonrisa.

Mi ahijado, Harry Langdon, trabaja para las fieras, sin miedo porque es inocente. Inocente hasta matar las fieras, hasta no sentir ni frío ni calor, ni hambre ni sed; inocente hasta a hacer oír a los sordos, hasta enamorar a la cieguita y puede ser que algún día hasta resucitar a los muertos.


HERNANDO HARB

ENTREVISTA A TINTO BRASS - Hernando Harb

sábado, 9 de octubre de 2010 en 16:00





















ENTREVISTA A TINTO BRASS


(El siguiente es un reportaje realizado en Roma, Italia, al director Tinto Brass. Fue extraído del estupendo folleto que acompaña al DVD del film “Las perversiones de Livia”, que se ofrece en una versión sin cortes y en una copia de calidad infrecuente. El sello distribuidor, con cuya aprobación transcribimos la entrevista, es SBP S.A.)

Periodista: Se licenció en Derecho. ¿De ahí le viene ese gusto por transgredir la ley?

Tinto Brass: De ahí me viene, en efecto, la atracción por la ley el deseo de transgredirla. No me ocurre sólo a mí: se dice que fue el mismo el que hizo la ley y la trampa.

P.: Su primera película se titulaba “El que trabaja está perdido”. ¿También en Italia se hace lo que se puede para eludir ese extravío?

T.B.: En este caso es, como si dijéramos, un título-protesta, porque el título original y casi la película entera, fueron masacrados por la censura. Pero sí, el que trabaja está perdido, más o menos según la calidad del trabajo que uno tenga.

P.: En 1976 inicia, con “Salón Kitty”, su obsesión por el cine erótico. ¿Cómo le ha dado por ahí?

T.B.: Descubrí lo mucho y bien que puede utilizarse el sexo, el erotismo, como parábola de comprensión fácil y accesible.

P.: ¿No es el director de cine erótico, y casi todos lo son hoy, un voyeur de lujo? No todos los mirones tienen el privilegio de fabricar lo que quieren ver.

T.B.: Sí. Pero no es una culpa, el mismo cine nació como un fenómeno voyeurístico. El director es, en todo caso, un voyeur generoso: comparte lo que ve con los espectadores.

P:. Con “Calígula” se pasó usted mucho. Desde entonces arrastra la fama de criatura tórrida y crepuscular. ¿Qué tiene que decir a eso?

T.B.: Que yo no voy al escándalo; es el escándalo el que viene a mí. Es decir, que sólo pueden escandalizarse con mis películas los escandalosos, aunque, por lo demás, toda novedad produce algún escándalo. Ahora bien, entre el “Calígula” que yo rodé y el que vio el público hay, tras lo mucho que se ensañó con él la censura, la misma diferencia que entre el Coliseo de sus mejores tiempos y el montón de ruinas que es ahora.

P.: ¿Qué opinión le mereció el caso Lewinsky?

T.B.: Adoro a Clinton y a Lewinsky: son fabulosos. Que en ese Salón Oval se jadeara en vez de idear guerras o el modo de machacar al adversario me enternece.

P.: ¿Haría una película con eso?

T.B.: Creo que ya la he hecho: en “L’Uomo che guarda” está la escena del puro que, al parecer, ha protagonizado Bill y Mónica. No me extrañaría nada que Clinton se haya inspirado en mi película, ya sabe que la Naturaleza imita al Arte con frecuencia.

P.: ¿Tiene alguna preferencia entre Bill y Mónica?

T.B.: Sí, sí. Mónica me gusta mucho: buenas formas, desinhibición, sentido de la fantasía…

P.: ¿Y qué tipo de sexualidad cree que gasta el fiscal Starr?

T.B.: Una sexualidad perversa. Debe de ser, además, un gran masturbador y aficionado a la fusta.

P.: Ajá. “Monella”, su última película, es de los más obsecilla también ¿no?

T.B.: No: es cándida, inocente… O, cuando menos, no es pornográfica. Aunque no tengo nada contra la pornografía, creo que ésta provoca la erección, en tanto que el erotismo provoca la emoción.

P.: ¿”Monella” también es una parábola o, sin más, lo que hay?

T.B.: Claro, una parábola sobre la alegría de vivir. La vida no es sólo sufrir: es sexo, comida, colores…

P.: ¡Cómo se las arregla para convencer a sus actrices de que hagan las cosas que les manda hacer?

T.B.: Hago con ellas una actuación: la prueba de la moneda. Convoca a la actriz para que venga vestida con falda pero sin ropa interior, tiro al suelo una moneda y le pido que la recoja. Según el modo de agacharse, calibro cuál es su sentido de pudor, y si tiene mucho, lógicamente, no me vale.


HERNANDO HARB

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