AL FILO DE LA OSCURIDAD de Martin Campbell - HERNANDO HARB

lunes, 6 de septiembre de 2010 en 17:36




















AL FILO DE LA OSCURIDAD

de Martin Campbell


Título original: “Edge of Darkness”

Reino Unido.Estados Unidos, 2010

Idioma: inglés

Distribuida por Warner Bros.

Género: Suspenso

Director: Martin Campbell

Productores: Graham King – James Laurensen

Guionistas: William Monahan, Andrew Bovell y Troy Kennedy-Martin (1)

Fotografía en colores: Phil Meheux

Música: Howard Shore

Montaje: Stuart BandÇ

Intérpretes:Mel Gibson (Thomas Craven) –Bojana Novakovic (Ema Craven) – Ray Winstone (Jedburg) – Danny Huston (Jack Benett) – Caterina Scorsone (Melissa)

Duración: 117’

Calificación: Sólo para mayores de 13 años


En la mayoría de los países latinoamericanos se la conoce como “Al límite” y su título original (más apropiado al asunto que trata) es “Edge of Darkness”. Su argumento está basado sobre una miniserie televisiva inglesa escrita por Troy Kennedy-Martin, uno de los tres guionistas de esta historia de suspenso rutinaria, a excepción del eje central alrededor del que gira y que se develará veinte minutos antes de que el filme termine con todo el mundo muerto, a excepción del camarógrafo.

Técnicamente impecable, lo que no es ninguna novedad en los filmes estadounidenses, desarrolla la hisoria de un detective de homicidios de Massachusetts, Thomas Craven (Mel Gibson), un maduro padre soltero, que un día recibe de visita por vacaciones laborales a Ema (la bonita actriz serbia Bojana Novakovic), quien trabaja en una firma encargada de actividades nucleares. La empresa alquila (en idioma original se habla de cesión, dato para tomar en cuenta los subterfugios de la censura) sus instalaciones al gobierno de los EE.UU. La chica trabaja en la sección de relaciones humanas y parece estar escapando de algo, lo que el astuto papá policía intuye, sobre todo cuando la joven vomita todo lo que come cada dos minutos, previa aclaración de que no está embarazada.

A los diez minutos un encapuchado le pega un tiro en la puerta de la casa paterna al grito de “¡Craven!”, lo que hace sospechar que el disparo iba dirigido al cansino Gibson. Pero no, el objetivo era la chica que (¡oh, ingeniosos guionistas!) descubrió un sucio secreto internacional que compromete a su país y en el que está implicada la patronal, un grupo de compañeros de trabajo –algunos asesinados- y su novio, un joven que parece sufrir manías persecutorias.

El resto es imaginable: el progenitor se encarga de averiguar quienes mataron a su hija y matarlos con métodos no muy legítimos.

Si la película tiene momentos entretenidos se los debe al montajista Stuart Band, quien se luce sobre todo en la muerte de una muchacha que desciende de un coche en una solitaria carretera y no por el lado del volante, lo que hace que la escena parezca calcada de un filme del gran Roman Polanski, en el que el actor Peter Coyete sufría similar atentado (“Perversa luna de miel”, 1992).

También es un valor del mediocre guión el personaje del intermediario entre la empresa delictiva –que maneja radioactividad con fines insospechados- y el gobierno de USA, quien con cinismo se define con una frase del escritor Francis Scott Fitzgerald: “Puede ocurrir que un hombre se sienta atraído a la vez por dos ideas totalmente opuestas y convencerse de que ambas tienen buenos propósitos”. Así le va, pero se reivindica en nombre del futuro de la juventud, que manejan maduros sin escrúpulos y sin importarles un rábano de qué será de las generaciones venideras.

Es interesante el personaje. Sobresale en esta hisorieta de suspenso dirigida por el mediocre Martin Campbell, un hombre que dirigió a Antonio Banderas en las dos de la saga de El Zorro y se esforzó (muy poco) por hacer correr a James Bond en la persona del bueno de Daniel Craig.

En resumen: “Al filo de la oscuridad” apenas admite una visión a medianoche, por cable y con ataque de insomnio. Con la salvedad hecha a favor del montajista y del personaje poco ético que se reivindica repitiendo con sorna: Todo es ilegal en Massachusetts con una copa de vino en una mano y una botella en la otra en pleno parque de la ciudad cuando el hacerlo está penado en la ley de la ciudad. La misma donde más de media docena de jóvenes son envenenados lentamente con talio por descubrir un horrible secreto político en el que el Estado está comprometido.


(1) Troy Kennedy-Martin falleció durante el rodaje. Al final de los títulos se le dedica un austero homenaje, como es costumbre hacerlo en cine en las últimas décadas, incluyendo al personal técnico y de áreas menores


HERNANDO HARB

EL EMBRUJO DE SHAN GHAI de Fernando Trueba- Hernando Harb

domingo, 5 de septiembre de 2010 en 7:44



















EL EMBRUJO DE SHANGHAI

de Fernando Trueba


Título original: Ídem

Origen: España – Francia – Reino Unido, 2002

Género: drama, misterio

Idioma: español, catalán

Dirección: Fernando Trueba

Coguionistas: Juan Marsé y Fernando Trueba (1)

Sobre la novela homónima de Juan Marsé

Fotografía en blanco/negro y color (eastmancolor): José Luis López Linares (2)

Dirección artística: Salvador Parra (3)

Dirección de producción: Luis Gutiérrez (4)

Vestuario: Lala Huete (5)

Maquillaje :Gregorio Ros (6)

Música: Antoine Duhamel

Montaje: Carmen Frías

Intérpretes: Fernando Tielve (Dani) – Aída Folch (Susana) – Ariadna Gil (Madre/Chen) – Fernando Fernán Gómez (Capitán Blay) – Jorge Sanz (Denis) – Antonio Resine (Kim) – Götz Otto (Omar) – Feodor Atkine (Michel Levy)

Duración: 119’

No estrenada en la Argentina.


Hay novelas imposibles de adaptar al cine. Por ejemplo, “Finnegans Wake” (de James Joyce, 1939), es más, es imposible de traducir del inglés a cualquier idioma por el cúmulo complejidades lingüísticas y acción que ofrece. Es un caso extremo. Pero hubo algunos directores de cine, arriesgados, que se animaron a empresas en las que el fracaso era inevitable. El inglés Tony Richardson osó filmar “Santuario” o “Réquiem de una mujer” en 1962, cuando la novela de William Faulkner presentaba imposibilidades de toda índole, por más que convocó a Yves Montand para el protagónico. El fracaso fue total.

Osadías como éstas no abundan, pero se dieron: recordar que el inepto Joseph Strick se jugó con el “Ulises” de James Joyce en 1967 es otra nota para un fracaso anunciado. La búsqueda de padre e hijo en el Dublín donde la insatisfecha Molly ensayaba su monólogo interior fue plasmado (es un decir) en una violación al buen gusto y a la mínima imaginación. Otro caso fue el del correcto y, a veces, brillante Martin Ritt con “El sonido y la furia”, por supuesto eliminando el primer capítulo donde un retrasado mental intentaba explicar un drama de incesto y racismo sureño, resultó en vez de “sonido” un completo “ruido” en colores donde Paul Newman era hostigado por una desfalleciente Joan Woodward.

Todo esto viene a cuento porque intentar adaptar algunas novelas del prolífico novelista español (y a vez feliz guionista de cine) es una empresa que decir que ofrece dificultades es apenas una advertencia. Se intentó llevar al cine “Si te dicen que caí” en 1989 y el descalabro fue total por más que Victoria Abril se sacrificara a representar uno de tres papeles en estado de embarazo avanzado e intentando copular de alguna forma aunque el fotógrafo (su marido) estaba presente durante el rodaje.

“El embrujo de Shanghai” es otra historia de Marsé indescriptiblemente inadaptable por más que el novelista se ofreció para coguionarla. Él, admirador del cine como pocos, dilapida referencias cinematográficas acerca del cine estadounidense, y lo hace en clave, juguetea con los nombres de los personajes y con una mezcla de verdad/mentira que sólo el lector puede captar pero un espectador se pierde en un fárrago de alusiones, homenajes y malabarismos que terminan por aburrirlo.

Éste es el caso del filme dirigido por el capaz Fernando Trueba (sí, el de “Belle époque”(1992) y, sobre todo, de “El sueño del mono loco” (1909).

La historia se dividiría en tres relatos correlativos y que se entremezclan. Es la época de los maquis, la Resistencia Francesa y el fascismo de Franco haciendo de las suyas. La primera une a Dani con la tuberculosa adolescente Susana, ambos sin haber conocido a su padre. La segunda mezcla a los niños con un misterioso mienbro de la Resistencia Francesa y que dice haber conocido al padre de la jovencita, a la que cuenta que su padre fue (¿o es?) un héroe, y su relato –el centro del filme- está en presentado en blanco y negro, como lo hacía Gary Merrill en “Llamada para un extraño” donde relataba varias historias y cuando debía mentir la fotografía se presentaba en sepia y con ritmo de jazz.

La tríada de este “Embrujo de Shanghai” (que, desde el título, alude a conocidas películas norteamericanas a las que se hace referencia en el guión de Trueba/Marsé) es la de un anciano ciego, antifascista, que recurre a un chico como lazarillo para recolectar firmas para un proyecto que no se hace realidad porque la Parca lo alcanza. Es en realidad un homenaje indisimulable a Fernando F. Gómez.

Pero estas explicaciones son apenas atisbos de los propósitos de película, contenidos en el libro original, pero que en imágenes resulta una suma pretenciosa de referencias que podrán hacer felices a cinéfilos y eruditos del cine pero obligará a los que no lo son a abandonar todo intento de entender el objetivo del triple relato.

Abreviando: hay referencias concretas a “The Bread” (“Soborno”, 1941) y a sus protagonistas (Robert Taylor, Ava Gardner, Vincent Price), a Marlene Dietrich, a “Casablanca”, a “Laura” y a varias películas, estrellas y directores norteamericanos.

La mayor inclusión es la de Lana Turner y su famoso drama de la su vida que fue el asesinato de su amante italiano a manos de su hija adolescente. Es tan concreta la alusión que aparecen las tres versiones que el periodismo y alguna novela sensacionalista (de Harod Robbins, “Los profanadores del amor”) se encargaron de trasmitir a través de la prensa mundial. Y no es producto de la imaginación desbordada de quien escribe estas líneas hacer referencias a estos excesos no caprichosos a los que es adicto un amante del cine como Juan Marsé.

Pero asistir a la proyección de este “Embrujo” requiere que se le prevenga con honestidad: por lo menos para intentar aproximarse al contenido complejo que impusieron sus responsables.

En suma, un filme nada fácil, con una actuación de Fernando Fernán Gómez notable y un intento de Trueba por arriesgarse a ser comprendido. Es bastante, pero no suficiente.

Verla corre por cuenta y riesgo de cada uno.


(9) Candidato al Premio Goya 2002 por este filme.

(2) Candidato al Premio Goya a la mejor fotografía.

(3) Ganador del Premio Goya por este filme.

(4) Candidato al Premio Goya.

(5) Ganadora al Premio Goya (muy merecido).

6) Candidata a premio Goya en su rubro

HERNANDO HARB


YO AMO A MI MAESTRA NORMAL Juan Carlos Geretto -Arnaldo H.Corazza

en 6:29














YO AMO A MI MAESTRA NORMAL
Juan Carlos Geretto



Autoría: Juan Pablo Geretto
Actuan: Juan Pablo Geretto
Prensa: Patricia Brañeiro, Alejandro Veroutisano a nuestras
Puesta en escena: Ana Sans

Geretto, no brinda nuevamente una muestra de su talento, como lo habia hecho en Como quien oye llover en el Teatro El Cubo del Abasto. Esta vez en el Multiteatro de la calle Corrientes vuelve con un unipersonal, prolijamente presentado, donde hace gala de su excelencia como actor, interpretando a una maestra normal. La escena transcurre mientras la misma organiza el acto por el techado del patio del Colegio, transitando escenas desopilantes. Como es habitual en el, nos lleva a viajar con nuestros recuerdos del paso por la escuela publica, encontrandonos con un personaje muy cercano a nuestras maestras, con autoritarismo, miserias, pero tambien frustraciones. La vision por momentos corrosiva de la maestra normal y de la educaion publica, se ve tambien acompañada por aires de ternura. El teatro lleno, pletorico de complicidades con Geretto, que el mismo estimula, termina gererandonos una sensacion placentera. Un actor transformista, en la calle Corrientes, y a teatro lleno, nos hace pensar -a veces dudamos- que el publico acompaña los buenos espectaculos. Es un espectaculo imperdible, inteligente, por momentos audaz, que n o puede dejar de verse. Por la salud del teatro argentino, esperamos un grande y largo exito.


Puntos de 1 a 5: 5 puntos

UN MÚSICO FRUSTRADO: ALAIN COURNEAU -Hernando Harb

viernes, 3 de septiembre de 2010 en 19:58




















UN MÚSICO FRUSTRADO: ALAIN COURNEAU


Falleció el 29 de agosto en París el director y guionista Alain Courneau. Había nacido otro día de agosto, 7 de 1943, en Meung-sur-Loire, Loiret.

Su afición desde adolescente fue la música, pero su amistad con el director belga Costa-Gavras lo vinculó al mundo del cine. Fue el ayudante de éste en la polémica “La a’veu” (“La confesión”, 1970). Desde entonces no dejó de guionar y filmar filmes de diversos géneros.

El primero, “Le jazz est-il dans Harlem?” (1969) fue un fracaso no sólo a nivel local. Pero el tenaz Couneau se empeñó en reanudar una carrera que incluiría varios mediocres títulos de suspenso: “Police Python 357” (1976, con su actor preferido Ives Montand), “La amenaza” (1977), “La elección de las armas” (1981, otra vez con Montand y la gélida Catherine Deneuve), y una serie de películas irregulares que combinaba el policial ciudadano con algún toque menor de comedia.

Fue “Serie negra” (“Série Noir”) en 1979 la que le dio cierta notoriedad. Aunque muchos le adjudican la buena repercusión al libreto original basado en una novela del estadounidense Jim Thompson, considerado el James Hadley Chase francés. Además influyó el debut de una jovencísima Marie Trintignant -hija del ex galán Daniel Gelin- quien se animaba a representar un semidesnudo osado en su momento.

Pero también estaba como protagonista el notable actor Patrick Dewaere [nació en 1947 y, víctima de las drogas, falleció en 1982].

Le siguieron una serie de obstinadas aventuras menores como “El príncipe del Pacífico” (“Le Prince du Pacifique”, 2000), “El soplón” (“Le cousin”, 1997) y un mamotreto coloreado que se llamó “Fort Sagane” en 1084.

Hastque que en 1991 rodó “Todas las mañanas del mundo” (“Tous les matins du monde”), sobre un músico del siglo XVII, protagonizada por Gérard Depardieu (a quien secundaba su hijo Guillaume). El filme obtuve varios premios César (el Oscar francés) y fue candidata al Globo de Oro al mejor filme en idioma extranjero. De más está decir que una estatuilla gala fue para Corneau. La película tenía una banda sonora admirable, una escenografía exquisita y una interpretación remarcable. Pero los cronistas internaciones hicieron hincapié en que uno de los mayores valores residía en el libreto del renombrado Pascal Quignard. No dejaban de tener razón si se revisaba la irregular e inocua filmografía del director francés recientemente fallecido de cáncer.

Su última obra se llamó “Crime d´amour” con las rubias Ludivine Sagnier y Kristin Scott Thomas, fue estrenada la primera semana de agosto y se exhibirá en el certamen de Toronto.

Analizando la carrera de este director delgado, de finos modales y de una cordialidad reconocida para con la prensa uno no puede dejar de pensar que el sendero que debió haber elegido era el de la música. Baste recordar su afición juvenil y el título más importante de filmografía, sin olvidar que fue un obstinado adaptador de siete de sus dieciséis filmes.

La Oficina del gobierno del presidente Nicolás Sarkozy alabó en Corneau su condición de “hombre valiente” (sin especificar los motivos de esta calificación) y de “gran director” (no hay que olvidar que a la hora final los elogios se confunden con las condolencias).


HERNANDO HARB

STEPHEN FREARS (Un creador inestimable) - HERNANDO HARB

domingo, 29 de agosto de 2010 en 17:49





















STEPHEN FREARS

(Un creador inestimable)


Es inglés. Combativo y honesto. Los “negocios sucios” son denunciados en sus películas. En la vida privada sus afanes se reflejan en una filmografía impecable.

Nació un 200 de junio de l941, en Leicester. Pertenece a una familia de religiosos judíos. “No practico ninguna religión. No pertenezco a ningún credo. Pero no me pongan la estamppilla de ateo. Creo en Dios. Claro, soy un hombre con mis desconciertos, pero intento encontrar una respuesta para librarme de cada uno de ellos,declaró cuando filmaba en Estados Unidos una incomprendida sátira conocida en la Argentina con el inapropiado título de “Héroe por accidente”, confundida como una como una comedia libre de sutilezas a una sociedad que se debate por no desencontrarse en un mundo plagado de monólogos y desacuerdos.

Estudió en Cambridge. Fue un alumno correcto, de hablar pausado y enérgico. Su vocación fue el teatro y el cine. Amigo de varios integrantes de los Monty Python, fue gracias a John Cleese y a David Frost quien ingresó al cosmos para integrarse: “Creo en las fusiones, en las interelaciones, amo a todas las razas, amo la belleza de las razas, amo la fusión de las razas. Aspiro a la libertad de los que consideran distintos”.

Fua ayudante de dirección de uno de los fundadores del nuevo cine inglés: Karel Reisz y no titubeó en secundarlo para divertir y mortificar con su “Morgan, un caso clínico”. Cuando el maestro Lindsay Anderson lo llamó como ayudante de su polémica y ácida “If…” fu entusiasmo le confirmó que formaba parte de los vanguardistas auténticos. “No me equivoqué. Agoté mis esfuerzos hasta volver a recrearlos en y con cada uno de mis filmes. Creo haberlo logrado”, confesó cuando su tercer largometraje “The Huth” (194) –no estrenado en la Argentina- describía con sonoridades musicales hispanas una persecución de veganza con un ascendente John Hurt y un Terence Stamp empeñado en internacionalizar su carrera.

El film no tuvo la repercusión que merecía. Lástima. Hay voces que se hacen oír pero hay gentes que no están dispuestas a escuchar diáfanas innovaciones.

Entonces empezó su etapa anti-thatcher. Lo hizo sin ninguna clase de tapujo y si pensar en la censura de hierro.

My beautiful laundrette” de Hanif Kureishi fue su primer puntapié. Aprovechó una historia de paquistaníes, jamaiquinos, ingleses combinándose con squatters –expulsadores de ocupas enviados por capitalistas de distintas razas que intentan enriquecerse en una Londres donde la venta de droga permite enriquecerse muy rápido y sin intervención policial.

Si irritó a las autoridades ingleses, la segunda de la saga fue la explosión de varios petardos en plena intelectualidad británica (incluido el off tan de moda, importado de EE.UU..

La responsable fue “Prick Up Your Ears” (1987) cuya traducción al castellano es “Dándosela por los oídos” y que en la púdica Buenos Aires se optó por un afiche provocativo y el título de “Susurros en tus oídos”, biopic de la vida del autor teatral Joe Orton, asesinado por su pareja gay a martillazos. Es una cruel transcripción protagonizada por Gary Oldman (un culposo dramaturgo que le robaba ideas a su amante), Alfred Molina (un acomplejado fagocitado por un amante) y Vanessa Redgrave (una representante artística que ventilaba los entretelones de una historia de arrepentimientos, lealtades y cobardías). El resultado fue triunfal. Hasta que llegó la tercera de la saga: “Sammy y Rosie Get Laid” traducida para la cartelera como “Sammy y Rosie van a la cama”, pero cuya literalidad era más osada. Fue una audaz recorrida por los barrios bajos donde Frearsswingers. hacía hincapié en la liberalización de la mujer, de una manera transgresora y anticipada a la moda de los

Después llegó la obra máxima del inglés: “Las amistades peligrosas”, conocida como “Relaciones peligrosas” (1988), basado sobre la novela epistolar clásica de Pierre Choderlos de Laclos, adaptada por un admirado Christopher Hampton. Fue muy comentada la escena final: la perversa protagonista –a cargo de Glenn Close se quitaba el maquillaje ante el principesco espejo de su alcoba luego de haber triunfado en un malvado plan. Toda England sabía que el cruel rostro no representaba a otra a Margareth Tahatcher…

Si por “Mi hermosa lavandería”, que obtuvo el Oscar al mejor guión adaptado del año, Frears fue candidato al Oscar al mejor actor del año, no podía ser de otro modo que tal mención se repitiera con estas “Amistades” o “Relaciones”. No lo obtuvo. Ya se sabe, el director estaba muy lejos de las estatuillas y las lisonjas académicas. Otras eran sus intenciones. Por ejemplo las que desarrolló a continuación en los Estados Unidos:

The Grfters” (1988) conocida como “Los timadores” y en la Argentina con el absurdo gancho de “Ambiciones prohibidas”, donde un triángulo se desenvolvía en medio de los negocios sucios, el incesto y los engaños entre marginales del negocio.

O “Mary Reilly” (1995), resucitaba al Dr. Jeckill y a Hyde, compartiendo su esquizofrenia con una sirvienta (a cargo de Julia Roberts) seducida por el médico del clásico de Stevenson.

Retornó a Inglaterra para filmar “The Queen”, o sea un momento de la vida de “La Reina” Isabel: la muerte de Lady D. Frears concedió cierto decoro pero no evitó aplicar sus dardos a la relación de Su Alteza con el entonces Primer Ministro, en especial con la esposa de éste, una enemiga de la monarquía con todas las letras.

Su último éxito fue “Chéri”, un reflejo de la decadencia inglesa de la realiza a través del amor de una madura profesional del amor con un jovenzuelo predispuesto a escalar en el universo del reinado. La actriz Michelle Pfeiffer y el guionista Christopher Hampton volvieron a ser de la partida (como enRelaciones”).

En el camino quedaron algunos títulos menos memorables. Pero habría que destacar “The Van” (La camioneta”), no estrenada en nuestro país, a veces incluida en algún canal descolocado de cable, que se destaca por su ironía al describir las relaciones de dos hombres que inician una pequeña Pymes, fracasada por el motor de la eterna ambición en las relaciones trabajadores-empleados.

Se esperan las creaciones futuras de Stephen Frears, un director como pocos en esta alicaída urdimbre comercial en que a veces parece haberse convertido el mercado del cine.

ROPAS LIMPIAS, NEGOCIOS SUCIOS de Stephen Frears- HERNANDO HARB

en 17:32




















ROPAS LIMPIAS, NEGOCIOS SUCIOS (1)

de Stephen Frears


Título original: “My Beautiful Laundrette”

Origen: Inglaterra, l985

Director: Stephen Frears

Guión: Hanif Kureishi

Libreto: “My Beautiful Laundrette” de Hanif Kureishi

Productores: Sarah Radclyffe – Tim Bevan

Hablada en inglés y en urdu

Fotografía en colores: Oliver Stapleton

Montaje: Mick Audsley

Escenografía: Hugo Luczye Wyhowski

Sonido:Albert Bailey

Música: Ludus Tonalis

Maquillaje: Elaine Carew

Intérpretes: Daniel Day-Lewis (Johnny) – Richard Graham (Genghis) – Derrick Branche (Salim) – Gordon Warnecke (Omar) – Rosah Seth (Papá) – Saeen Jafrey (Nasser)- Shirley Ann Field (Rachel) – Charu Bala Cholksi (Bilquis) – Souad Faress (Cherry) – Rita Wolf (Tania)

Estreno en la Argentina: 19 de junio de 1986

Duración en la Argentina: 97’

Duración original: 98’


Es el primero del cuarteto de filmes que el director británico Stephen Frears rodó para atacar la política thatcherista. Lo hizo con una convicción e iracundia no sólo propias de su juventud sino con el talento de un realizador dispuesto a ir más lejos aún: destacarse como un antimonarquista que emplea la cámara para plasmar su ideología y estimular a los que lo comenzaban a admirar a seguir sus premisas.

“Inglaterra”, dijo este hombre oriundo de Leicester, debe aprender a ser una democracia sin deidades, donde las razas no se enfrenten para poder convivir en paz y las clases sociales se clasiquen de manera que la libertad de trabajo no sea prohibitiva para tanta gente inglesa o de otros continentes que vienen a refugiarse en nuestra England que se proclama democrática”.

Ropas limpias, negocios sucios inició su etapa de rebeldía inclemente, pero sin abandonar la ternura y la solidaridad como vínculos entre personajes que miran al futuro.

Corría 1985 y al leer el primer guión del novelista Hanif Kureishi -madre inglesa, padre paquistaní-un dudó en aceptar la oferta que le hacía Howard Davies -un director de la Royal Shakespeary Company- de filmar My Beautiful Laundrette. Propuso cumplir su tarea en menos de cuatro meses -de noviembre a febrero- ante el estupor del sensible y timorato escritor Kureishi.

Lo consiguió.

Se rodaron dos horas y cuarto (Frears se caracteriza por ser excesivo en la mayoría de los órdenes de la vida). Decidieron proyectarla en privado ante “entendidos” (directores, productores, guionistas, adaptadores, actores, actrices entre las que se destacaba Julie Dench). Se votó por unanimidad: se cortaron cuarenta y cinco minutos. El único sufragio ausente fue el del novelista, admirado por los resultados de su primer guión escrito a los apurones en una ciudad que su madre amaba en Paquistán.

Ropas limpias, negocios sucios (tal es título como se la conoció en la Argentina) se presentó por vez primera en el otoño de l985 en el Festival de Cine de Edimburgo. Fue recibida con aplausos unánimes Se estrenó el 15 de noviembre en el Festival de Londres y al día siguiente se produjo su lanzamiento en las salas comerciales de la capital inglesa.

El suceso se imponía por decreto: la audacia temática, el mensaje directo y sin eufemismos mediadores para consolar inquietas conciencias, alguna escena infrecuente como el apasionado beso de los jóvenes socios de la lavandería –un inglés y un paquistaní-, los problemas clasistas entre nacionales y foráneos, y los que repercutían entre los mismos hablantes en undú, fueron varios de los motivos que atrajeron a un público incitado a debatir con libertad los problemas cruciales que acicateaban la convivencia en la burocrática Inglaterra.

El éxito se repitió en la Argentina. Tal vez las motivaciones del éxito no fueron similares con exactitud. Pero no diferían demasiado. La corruptela como medio de ascenso hasta para explotar a sus connacionales, la actividad de los despojadores de viviendas habitadas por los equivalentes a nuestros ocupas, la homosexualidad interracial, la liberación femenina fueron acicates para que el nombre de Frears saliera a la palestra en Buenos Aires.

El filme es cortante, seco, planos/contraplanos amenazantes o presagiando acercamientos conciliatorios, un montaje exacto y nada represor, fueron los que convirtieron a esta lavandería llamada al comienzo ChurchillsFrears (por supuesto) y el de Daniel Day- Lewis (en el rol del ex barrabrava Johnny), un actor que ganara un merecido Oscar por su caracterización del parapléjico den la biográfica Mi pie izquierdo. (con una ese final para “disimular” la (no) recatada ironía en un comentado filme que provocara dos lanzamientos en la culta Buenos Aires: el de

Convendría que esta obra se reditara en DVD. En especial, en su versión completa.


HERNANDO HARB

(1) El comentario de labiografía y del primer guión de Hanif Kureishi figura en el blog, en la sección de literatura.

LO MEJOR DE NUESTRAS VIDAS de Daniele Thompson-HERNANDO HARB

sábado, 28 de agosto de 2010 en 19:32

















LO MEJOR DE NUESTRAS VIDAS

de Daniele Thompson



Título original: “Fauteuils d’orchestre”

Francia, 2006/7

Género: Comedia dramática

Dirección y diálogos: Daniéle Thompson

Guión original: Daniéle y Christopher Thompson (1)

Director de fotografía en colores: Jean Marc Fabre

Montaje: Sylvie Landra

Escenografía: Michéle Abbe

Sonido: Michel Kharat

Distribuida por Alfa

Fecha de estreno en la Argentina: 14 de junio de 2007

Duración original: 106’

Duración en la Argentina: 106’

Duración en EE.UU.: 100’

Hablada en francés, inglés y japonés

Intérpretes: Cécile de France (Jessica) – Valérie Lemercier (2)

(Catherine Versen – Albert Dupontel (Jean Francois Lefort) – Laura Morante (Valentine) – Claude Brasseur (Jacques Grumberg) – Christopher Thompson (Fréderic) – Dani (3) (Claude) – Sydney Pollack (Brian Sobinski) – Suzanne Flon (4)- Annelise Hesme


París. Esta vez no las clásicas postales de la capital francesa. Los guionistas Thompson eligieron el lujoso barrio de la avenida Montaigne: una suerte de triángulo comunicante entre el Café des Théatres y dos salas teatral, una frente a la otra. La acción transcurre el día 17 y “su” noche. Una voz en off la de una abuela habla acerca del lujo y la búsqueda en su Juventus de una vida rumbosa, la convivencia entre artistas famosos, la lujuria del dinero y de los brillantes sobre las mesitas de luz. Terminó como camarera conviviendo con ese sueño, el que repetirá Jessica, su nieta, una jovencita encantadora bajo el solparisiene y observando la Torre Eiffel al amanecer desde una azotea.

El título original es más exacto: Platea preferencial”, o sea el lugar ideal para observar el diario vivir: “ni las primeras butacas, porque uno no tiene una visión total del espectáculo, ni las últimas, puesto que se pierden detalles y se ve todo muy reducido. En fin, el centro”.

Ésa es la primera enseñanza de la chica que el dueño de un bar la elige de mala gana para trabajar de moza (“en realidad no tomamos mujeres. ¿Por qué? Porque no”).

Los protagonistas se van sumando entre melodías cantadas por Juliette Greco, Gilbert Becaud, Sacha Distel y referencias a Sartre y Beavoir, a Kusturica, Resnais, Truffaut, Feydeau.

Jean Fracois, un notable pianista que ofrece ese 17 un concierto. Su matrimonio con la bella Valentine está en crisis. Ella es su representante y se rebela contra la decisión de su marido de dedicar su arte a los desvalidos e ignorantes de la música. Decisión que logra llevar a cabo, interrumpiendo su interpretación beethoviana y haciendo un leve streptease al despojarse de sus ropas acartonadas y finalizando su concierto en camiseta. La pareja se une por obra y magia del arte. O del amor, que es lo mismo al fin y al cabo. Las notas musicales transmiten el amor del pianista y su mujer así lo entiende en tanto la fabulosa banda sonora deja oír unos besos que explican cómo entre abrazos y guerras se termina en la cúspide de la paz. Una casa humilde frente a la playa los espera.

También está la histérica actriz de telenovelas Catherine Versen, quien debuta ese 17 representando el vaudeville La pulga en la oreja”, está harta de su mediocre carrera televisiva y descubre entre los asistentes al mismísimo Sydney Pollack (5), un director norteamericano al que le adjudica la realización de “Taxi Driver(6) y que prepara el rodaje de una película sobre Simone de Beavoir y Sartre. Misterios del coup de foudre, ese bautizado amor fou consigue que el visitante estadounidense quede prendado de la verborrágica actriz y le ofrece filmar una biografís acerca de la vida de Simone “Castor” Beavoir luego de escuchar un análisis de la vida y obra de la autora de “Los mandarines”. El amor y el arte de han congeniado para armar otra pareja.

Jacques Grumberg es un enfermo terminal. Ese día 17 remata las obras de arte que coleccionó junto con su esposa (“la única mujer a la que amé”). Lo visita su hijo, Frédéric, joven protestante que no soporta los barrios lujosos y convive con el hombre común; es un escritor que aborrece Catalina de Médici, asombrado descubridor de un secreto de su padre: la escultura –El beso (1925) de Constantin Brancusi (7) ha sido la preferida de su madre fallecida (que amó a un solo hombre en su vida, el viejo Jacques). Esa obra de arte los une de modo impensada, y en tanto oyen los martillazos del rematador descubren que el arte que se ama no tiene valor en francos. Fréderic se la regalará, con anuencia de su pater, a la camarera Jessica, sí la joven que viajó de un pueblito de provincias a conquistar el verdadero lujo de la capital. Otra vez el arte es cómplice del amor. Cuando Jessica observa la escultura opina: “No soy entendida, pero al verla dan ganas de enamorarse”. La magia se ha cumplido.

El cuadro de protagonistas se completa con Claude , una artista fracasda que ese 17 se retirará, y que canta acerca de “la soledad y su inexistencia”. Es una soltera que vive acompañada por los grandes de la música francesa, y lagrimeando admite que su amor es la música (cada compás es un latido en mi corazón).

Ha una perdedora en esta hermosa fábula coloreada con la pintura de la fotografía de Jean Marc Fabre: es la ambiciosa Valérie, una jovencita bella amante del dinero, que comparte la intimidad con los Grumberg, uno (el joven) que vive para construir, el otro (el viejo) que sobrevive para vender los recuerdos.

Y en el medio de esta jornada (espléndido 17) está el madapolán, una tela rara parecida a la hindú que -en una escena clave- alguien acaricia con sus manos y que se menciona dentro de un burdo contexto escrito por Feydeau. La simbólica representación que juega en esta bella película se la dejamos al gozoso espectador.

El mismo que, como nosotros, sabe que el amor y el arte son los lujosos aliados para poder gozar de la magia de la vida.


Hernando Harb


(1) Madre e hijo en la vida real.

(2) Ganadora del Premio César a la Mejor Actriz Secundaria del año 2006.

(3) Candidata a Mejor Actriz de Reparto ese mismo año.

(4) Falleció después del rodaje. Gran actriz de la Comedia Francesa.

(5) Es el gran director norteamericano, por ejemplo de “África mía” (1985) –por la que obtuvo un Oscar-. A veces trabajó como actor y estuvo a la altura de sus antecedentes, como en esta ocasión.

(6) Filme dirigido por Martin Scorsese en 1976..

(7) Escultura de Constantin Brancasi, de origen rumano radicado en París. Nació en 1876 y falleció en 1957.

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