LA REDADA de Roselyne Bosch - Hernando Harb

miércoles, 10 de noviembre de 2010 en 7:36













LA REDADA

de Roselyne Bosch


Título original: La rafle, 2010

Origen: Francia – Alemania – Hungría

Hablada en francés – alemán – yiddisch

Género: Drama histórico

Dirección y guión: Roselyne Bosch

Productor: Alain Goldman

Productor adjunto: Jean-Robert Gibard

Música: Christian Henson

Fotografía en colores y blanco/negro: David Ungaro

Montaje: Yann Malcor

Intérpretes: Jean Reno (Dr. David Sheinbaum) – Mélanie Laurent (Annette Monod) – Raphaëlle Agogué (Sura Weisman) – Gad Elmaleh (Schmuel Weisman) – Hugo Leverdez (Jo) – Simon Zygler (Oliver Cywie) –Roland Copé (Mariscal Pétain)

Duración: 115 minutos

No estrenada en la Argentina


“No, el 14 de julio no es el día apropiado”, comenta un militar francogermanófilo. “Mejor que sea el 16” , propone.

Así fue. El 16 de julio de 1942 policías y gendarmes franceses siguiendo las órdenes del colaboracionista Mariscal Pétain -quien firmó un armisticio con Hitler y aceptó la ocupación alemana de su país- detienen a 13.152 judíos en una redada cumplida en un barrio humilde de París. Preveían una mayor cantidad: cerca de 30.000.

Mujeres, niños, ancianos y hombres son trasladados a un velódromo que oficiaría de congelador a la espera de trasladarlos en trenes a los campos de concentración y de allí enviarlos al crematorio. Así, de detestablemente fácil.

El segundo filme de la habitualmente guionista (en este caso también lo es) Roselyne Bosch se ocupa de ese histórico hecho, degradante para los franceses. El anterior título lo realizó hace cinco años y se llamó “Animal”. Desconocido en nuestro medio.

“La redada” está correctamente dirigida, con una fotografía impecable (incluye al principio escenas documentales del ingreso de Hitler y sus acólitos a la vacía capital francesa), una música sentimental (con canciones de los ’40) y un montaje ajustado. Si Bosch falla es en su guión, mechado de golpes bajos, de un recato inconcebible en las escenas más ásperas y lleno de detalles ingenuos (el muñeco del niño abandonado en la estación, el ramo de florecillas salvajes recibido por un gendarme francés de manos de una niña camino al crematorio).

Hay una toma que provoca escalofríos: el primer plano y posterior zoom del velódromo fotografiando a miles de seres que piden a gritos por un poco de agua con sus latas vergonzosamente vacías (“Para qué les vamos a calmar la sed si total…” alega un soldado antes de que otro ordene a unos bomberos llenar las tacitas). Pero lo vibrante de la secuencia se debilita de inmediato: el médico judío sionista (a cargo de un correcto Jean Reno) está delineado con trazos gruesos al igual que su enfermera protestante (una desorientada Mèlanie Laurent), y ni qué hablar del perfil de los chicos dignos de una comedia campestre. Entiéndase bien: no se pide un muestrario de escenas fuertes, pero tampoco un montón de secuencias suavizadas por la bondad resignada de las víctimas y el arrepentimiento de crueles victimarios.

Hay personajes dignos de mejor atención: el del trotskista y su esposa que no sabe hablar muy bien francés, pero se quedan en viñetas dibujadas tenuemente. El ejemplo más demostrativo es el suicidio de una mujer antes de ser detenida en la redada barrial, la cámara esconde el cuerpo como para no mortificar al espectador sensible amortiguando el dramatismo con un empalme de la muerta sobre la acera algo ensangrentada. Es apenas un tibio enfoque de un hecho estremecedor que termina por no alarmar ni provocar al espectador, algo necesario para seguir la vorágine de los acontecimientos pergeñados por paranoicos dominados por un clic hecho en su imaginario colectivo.

Es una lástima. La película hasta muestra unas cuantas intimidades del dictador alemán mal insertadas (unos chicos felices comen un muñeco de chocolate que representa a Hitler y que éste se los obsequia con un paternalismo ridículo), y evade toda escena de homicidios colectivos reemplazados por la fuga de dos niños de una campo de concentración poco creíble.

La Bosch guionista es de una mediocridad pasmosa. La Bosch directora promete futuras comedias livianas con la voz de la Piaf como fondo y en las que se mezclen parejas de amantes en un vaudeville modernizado, claro.

En fin, una oportunidad desperdiciada para retratar un suceso histórico que degrada al hombre.

Como tantos.


Hernando Harb

DOG POUND de Kim Chapiron - ARNALDO H.CORAZZA

martes, 9 de noviembre de 2010 en 11:14













DOG POUND
de Kim Chapiron

TÍTULO ORIGINAL Dog Pound
Francia 2010
DIRECTOR Kim Chapiron
GUIÓN Kim Chapiron, Jeremie Delon
FOTOGRAFÍA Andre Chemetoff
REPARTO Adam Butcher, Shane Kippel, Mateo Morales, Lawrence Bayne, Bryan Murphy, Alexander Conti, Tim Turnell, Dewshane Williams
PRODUCTORA Partizan
GÉNERO Drama | Drama carcelario. Adolescencia

Es un film correcto, pero nada extraordinario. Relata la vida de adolescentes en un centro de detencion (Reformatorio) y la terrible vida que llevan en esa institucion. En fin, el mensaje del film esta referido a la poca utilidad de la confinacion de jovenes en establecimientos de tipo carcelario, y la dudosa posibilidad de su rehabilitacion. El film no es despreciable, tiene algunos aciertos sobre todo en el aspecto formal de la narración, pero tengo la certeza que ha sido bien vendido y excesivamente sobrevaluado. La interpretaciones son apenas correctas. No aporta por cierto nada nuevo, y es una vision muy limitada de la vida en un reformatorio. Ni siquiera esboza una critica certera del sistema.
Solo recomendable para quien le interese este tema.


Puntos de 1 a 5: 2 puntos

ARNALDO H.CORAZZA

VIVIR AL LIMITE de Kathryn Bigelow - Arnaldo H.Corazza

lunes, 8 de noviembre de 2010 en 19:48












VIVIR AL LIMITE

de Kathryn Bigelow

Ficha Técnica de The Hurt Locker:

Género: Acción Bélica
Año de Estreno: 2008
Origen: Estados Unidos
Duración: 120 minutos
Dirección: Kathryn Bigelow
Guión: Mark Boal
Intérpretes: Jeremy Renner (Sargento William James), Anthony Mackie (Sargento JT Sanborn), Brian Geraghty (Especialista Owen Eldridge), Guy Pearce (Sargeto Matt Thompson), Ralph Fiennes (Líder del equipo de contratista), David Morse (Coronel Reed), Christian Camargo (Coronel John Cambridge) Título en Hispanoamérica: Vivir al Límite
Título en España: En Tierra Hostil
Título Original: Hurt Locker

Narra el día a día de una brigada estadounidense de desactivación de explosivos desplegada en Irak, una unidad de élite de artificieros que se ve inmersa dentro de una caótica ciudad donde cualquiera puede ser un enemigo potencial y cualquier objeto puede ser una bomba. El grupo está liderado por el sargento Thompson. Cuando éste fallece en el transcurso de una misión, se queda al mando el impredecible, valiente y temerario sargento William James (Jeremy Renner). Faltando poco más de un mes para que la brigada finalice su turno de rotación en Iraq, el imprudente comportamiento de James hará que sus dos subordinados, el sargento Sanborn (Anthony Mackie) y el especialista Eldridge (Brian Geraghty), valoren seriamente el riesgo que corren en su trabajo.

El film trata el accionar de una brigada que desactiva explosivos en Irak. Es realmente un verdadero bodrio. Un desactivador medio suicida, y unos compañeros que lo acompañan, donde nada demasiado pasa, ni entre ellos ni en el jugoso escenario de la Irak arrasada por EE.UU. No plantea nada inteligente, ninguna critica a nada, y es solo una pésima pelicula de guerra -por cierto las hay buenas-, que ni siquiera se destaca por el realismo que las mismas suelen aportar.Un guion pesimo, mediocrementre filmada, sin ninguna actuacion destacable. Ni siquiera es creible la historia del desactivador de bombas. En fin no hay mucho para decir, un bodrio.


Puntos de 1 a 5: 1 punto

ARNALDO H.CORAZZA

CUANDO LOS ÁNGELES CAEN de Roman Polanski - Hernando Harb

en 17:40














CUANDO LOS ÁNGELES CAEN

de Roman Polanski


Título original: Gdy Spadaja Z Nieba Anyoli

Polonia, 1959

Dirección y Guión: Roman Polanski

Producción: PWSF

Fotografía (en blanco/negro y en colores): Maciej Kijowski

Ayudante de fotografía: Henryk Kucharski

Decorados: Kazimierz Wisniak – Roman Polanski

Música: Krzysztof Komeda

Intérpretes: Barbara Kwiatkowska (la madre joven) – Andrzej Kondratiuk ( el hijo) – Andrzej Kostenko (un homosexual) - Kuba Goldberg (el empleado)

Estudios: de la Escuela de Lodz

Duración: 22 minutos

Sin exhibirse en la Argentina

El gran director polaco Roman Polansi (1933) tuvo su período polaco, que incluyó trece cortometrajes y un largo. De los primeros, en la Argentina sólo se conoció por “Dos hombres y un armario” (1958, Dwaj Ludzie Z Szasa), exhibido esporádicamente en algún esforzado CineClub o como complemento de un filme dl excelente realizador.

“Cuando los ángeles caen” fue conocido como “Ángeles caídos” en Venezuela para afortunados cinéfilos de los años ’60. En América Latina se lo desconoce, es más, se lo ubica en los libros dedicados al director en puestos incorrectos: se trata del corto número 13 (los supersticiosos abstenerse de comentarios inadecuados).

Es una magnífica película de más de veinte minutos sonde se soslayan los fantasmas que alumbrarían su posterior filmografía aunque su amigo Gérard Branch lo auxiliara con resultados diversos para atenuarlos o sublimarlos.

La historia es escueta, con toques surrealistas que –con la perspectiva implacable del tiempo- pueden tener una explicación casi exacta, a la que contribuye la atribulada vida privada de Polanski.

El decorado es un mingitorio. Es el ámbito de la trama. Es la hora del amanecer, cuando la gente saca la basura a la calle en Lodz. Una anciana trabaja en el urinario público ubicada en una sillita, en un rincón, contemplativa (en apariencia) recibiendo las propinas de los asistentes: un homosexual en busca de relaciones transitorias, un beodo que termina durmiéndose en medio de sus orines, un contable que acaba de relevar a su colega…

La vieja se duerme (¿o alucina?) reviviendo escenas de su pasado juvenil, las que son presentadas en colores como contraste del presente en deprimente blanco y negro.

Ha tenido un amor con un soldado que está obligado a partir. La relación se limita púdicamente a mostrar un apasionado abrazo cerca de un lago. Luego aparecerá su hijo, quien marchará a la guerra (otra batalla, otro enemigo reiterado) y una seguidilla de bombardeos que el color hace aparecer como luces brillantes que incendian cuerpos invisibles.

De pronto algo interrumpe el sueno de la portera: la rotura de un vidrio del techo. Por la abertura cae un ángel…

Polanski impregna su contundente corto de sus obsesiones que lo acompañarán a lo largo de su vida/filmografía y de las que no podrá desprenderse como un karma que se adhiere en su interior.

Están los decorados cerrados, como los baños que se pueden descubrir en “El inquilino” (1976, “Le locataire”) en el atisbo voyeurístico del esquizofrénico en la ventana de enfrente (un baño de hombres) , en la relación dormitorio-baño de “El bebé de Rosemary” (1968, “Rosemary’s Baby” o “La semilla del diablo”), repetida en “Repulsión” (1965, “Repulsion”) y en la búsqueda de la desnuda protagonista de “¿Qué?” (1972, “What?”). También esos departamentos o casas que esconden secretos o parecen laberintos, de los que los seres apenas evaden sin ser marcados de cierta manera (hasta con el sello demoníaco). Y el agua, y las alucinaciones en formas de sueños, y los “alter ego” con los que uno puede fundirse de un solo modo: siendo derrotado o corporizándose en y con él. Todas persecuciones que pueden detectarse hasta en la aparente stevensoniana “Piratas” (1986) tan incomprendida hasta por el jurado de Cannes y confundida como una aventura naïf.

Nada en casual en la obra de Polanski, que oficia el rol catártico que le permite sobrevivir a su vida y a sus tribulaciones. En la aventura, o en el drama, en el Neptuno o en la casa de gárgolas, en medio del baile de muertos-vivos o en el ángel que cae en el mingitorio público de esta obra maestra (de 1959) como símbolo de muerte/paz ante tanta guerra, ante tanta incomprensión, ante tanta letra injusta que domina el mundo…

Es la pequeña obra de un potente director. Es el anunció de lo que vendrá. Pero, admirado Polanski no es cuestión de inmolarse así nomás. Está el cine, ese refugio que nos hace tan valientes y que repelen a demonios, y agradecen a los ángeles salvadores de las agresiones de la realidad, ese existir que no puede destronar al mágico ojo de la cámara que la registra para deformarla. Porque es así, y no hay otra manera.

Hernando Harb

Je Vais Bien, ne t'en Fais Pas de Philippe Lioret - ARNALDO H.CORAZZA

en 11:08


















Je Vais Bien, ne t'en Fais Pas
de Philippe Lioret



Año: 2006
Género: Drama
País: Francia
Formato: Color
Duración: 100 minutos
Título Original: Je Vais Bien, ne t'en Fais Pas
Dirección: Philippe Lioret
Producción: Christophe Rossignon
Guión: Philippe Lioret / Olivier Adam (Novela)
Fotografía: Sascha Wernik
Música: Nicola Piovani
Intérpretes: Mélanie Laurent (Lili Tellier) Kad Merad (Paul Tellier) Isabelle Renauld (Isabelle Tellier) Julien Boisselier (Thomas) Aïssa Maïga (Léa) Simon Buret (El amigo de Loïc)

Claire es una joven de 19 años. Cuando regresa a casa después de vacaciones, sus padres le dicen que Loïc, su hermano gemelo, se ha ido de casa tras una fuerte discusión con su padre. Como Loïc no se pone en contacto con ella, Lili termina por creer que algo malo ha sucedido, y decide ir en su busca.

Es una adaptación de una novela del mismo título de Olivier Adam. Este film del realizador frances Philippe Loiret es impecable. Es una historia pequeña, de una familia a la que pertenece Claire, que cuando regresa de un viaje se encuentra que su hermano gemelo se ha ido de su casa, por una discusion sobre el padre. El relato indaga sobre los mecanismos de comunicacion de esta familia, y los sinuosos caminos -que se van desandando- mediante el cual pretenden lograrlo, y protegerse. La actuacion de Melaine Laurent es impecable, ademas de la belleza y la expresividad de sus ojos. Esta muy bien filmada, con un guion esplendido, y el film nos va atrapando poco a poco llegar a un final impecable, maravilloso. Obviamente todo el film esta centrado en el personaje ausente, que no aparece, y que es el hermano de Claire. Muy recomendable.


Puntos de 1 a 5: 4 puntos

ARNALDO H.CORAZZA

ANNAPOLIS de Justin Lin - Hernando Harb

domingo, 7 de noviembre de 2010 en 14:18





















ANNAPOLIS

de Justin Lin


Título original: Annapolis

Origen: Estados Unidos, 2006

Género: Dramática/Acción

Hablada en inglés

Dirección: Justin Lin

Guión original: David Collard

Producción: Damien Saccani - Mark Vahradian

Música original: Bryan Tyler

Fotografía en colores: Phil Abraham

Montaje: Fred Rasking

Intérpretes: James Franco (Jake Huard) - Tyrese Gibson (cole) – Jordana Brewster Ali) – Brian Goodman (Bill Huard) – Charles Napier (Subt.Carter) –Roger Fan (loo) –Wilmer Calderón (Estrada)

Duración original: 103 minutos

No estrenada en la Argentina

Distribuida en DVD

Calificación: Apta para todo público


Es un filme con un (excesivo) parecido a “Reto a la gloria” (“Oficial y caballero”, 1982, del diestro artesano Taylor Hakcford). No le hace mucha mella. El taiwanés Justin Lin (responsable de alguna de la serie “Rápido y furioso”) cuenta con la inestimable colaboración de un guionista original, David Collard, para esconder similitudes e incorporarle agregados originales que la conviertan en una película bastante lograda, apta para los aficionados a los filmes de acción y drama, con un personaje émulo de Rocky para quien la voluntad es muy importante para vencer trabas en la vida siempre con la ayuda del prójimo amado.

Está claro. No va a figurar en ninguna lista de antología, pero no merecería pasar inadvertido porque tiene lo suyo.

El joven Jack es un obrero naviero, humilde trabajador como su padre, un viudo que lo subestima y prefiere que siga su redituable oficio en una localidad de Filadelfia muy humilde. (Es llamativa la cantidad de filmes estrenados con una temática donde el enfrentamiento -en distintos grados- entre padre-hijo aparece como resorte primordial o subtrama.)

Ha vivido a orillas de un río observando el edificio de Annapolis, la Escuela Naval, donde su madre desearía enviarlo y que da origen a una promesa que Jake cumplirá más allá de los amores patrióticos.

Con una partitura original de Bryan Tiler (capaz de provocar la envidia de Bill Conti) vemos al muchacho incorporarse al mundo de la oficialidad de la Marina. La trama desarrolla todo su primer año de estudio, su triunfo como un cadete rebelde, justo y grato compañero luchando contra el temperamento de un superior, el negro Cole -buen trabajo deTyrese Gibson- y las arbitrarias órdenes de tenientes insoportables y hasta de una muchacha oficial, enamorada de Jake.

Sí, muy previsible pero presentado en forma original con unos diálogos magníficos y una cámara que de a ratos se convierte en protagonista, es lo que ocuure en las espléndidas escenas de sabotaje que, si bien no están a la altura de “Toro salvaje” (“Raging Bell”, 1980, de Martin Scorsese) logran una tensión considerable y unos planos y contraplanos exactos para crear el necesario dramatismo. Y lo logra Lin con creces. (A tomar en cuenta.)

Precisamente, el hecho de que el mundo del boxeo irrumpa en el relato hasta convertirlo en una película dominada por ese deporte, hace de “Annapolis” un filme para tomar en cuenta. Porque como dice el entrenador Carter (un subestimado pero siempre eficiente Charles Napier) el cuadrilátero es el microcosmos donde se juegan los desafíos, las derrotas, en fin, quiénes somos, que es la meta del ex obrero y cuyo logro depende de dudas, cobardías y el afecto de los atribulados protagonistas secundarios que creen en él.

El trabajo central de James Franco es muy interesante, conviene escribir su nombre en una carpeta de la computador con el rubro de promesas), lo mismo del maduro Brian Goodman, encargado de sobrellevar el nada fácil papel de progenitor tozudo.

Llama la atención cierto tufillo a racismo, tal vez inconsciente, delatado en los personajes del delator Loo, del colérico teniente y boxeador Cole, y sobre todo en el gordito acomplejado que intenta suicidarse para no defraudar a su familia. Menos mal que parece corregirse en la resolución, pero de modo inconvincente, máxime si un oriental es el encargado de la dirección.

Los adictos a la acción, al típico personaje estadounidense que obtiene victorias merced a la voluntad y a las escenas muy bien hechas de boxeo ésta es una película para ellos.

No hay otro objetivo. Ni pretendió ganar Oscar en su momento. Es una pena que la distribuidora no la estrene y la legue al mercado del DVD. Es un error, comparando con tanta insignificancia filmada en tridimensional que está fatigando a pasos agigantados.

Es un consejo no sólo comercial, también va dedicado a un vasto público atiborrado de falsos filmes de acción en montañas y sacrílegos rituales a los que piratas o héroes de pacotilla intentan redimir.


Hernando Harb

LA VENGANZA DE LA CASA DEL LAGO de Dennis Iliadis - Hernando Harb

en 13:12





















LA VENGANZA DE LA CASA DEL LAGO

de Dennis Iliadis


Título original: The Last House on the Left

Origen: Estados Unidos, 2009

Género: Drama/Horror

Hablada en inglés

Dirección: Dennis Iliadis

Guión: Adam Alleca – Carl Ellworth

Supervisión general: Wes Craven

Producción: Wes Craven – Sean S.Cunningham

Xo-producción: Jonathan Craven

Música: John Murphy

Fotografía en colores: Sharon Meir

Montaje: Peter McNulty

Intérpretes: Tony Goldwyn (John Collingood) – Monica Potter (Ema Collingood) – Garret Dellahunt (Krug) – Aaron Paul (Francis) –Spencer Treat Clark (Justin) –Riki Lindhome (Sadie) – Martha Maclasaac (Paige)

Duración original: 114’

Duración aprobada: 110’

Calificación: Apta para mayores de 18, con reservas


“No se trata de un filme acerca del Bien y del Mal. Es una historia sobre lo que está bien o mal hecho”, fueron las palabras de Was Craven acerca de este relato que fue filmado (innecesariamente, o por cuestiones de costo) en Cape Town, Sudáfrica.

La dudosa definición fue aprobada por su compinche de producción, el avejentado Sean S. Cunnigham, con quien decidieron hacer una remake de un título de Craven estrenado en 1974 con el protagonismo de un actor cuya sola presencia física provocaban ganas de escapar, hacía de Krug (*), esta vez a cargo de un tipo con físico de galán, pero autor de sadismos varios con idéntico afán.

Craven declaró que su fuente inspiradora fue un filme del gran Ingmar Bergman: “La fuente de la doncella” (1970), sin su carga mística ni su belleza temática y formal. (**)

Es la historia de una venganza de dos padres que alojan en su casa (frente a un hermoso lago) sin saber que son violadores de su hija y asesinos de una amiguita. Los secunda Justin, un jovencito inocente, hijo del jefe Krug, con el que se llevan tan mal que decide delatarlos en forma sigilosa.

Los adeptos a la necrofilia craveniana van a estar de parabienes. Los que rechazan este plato demasiado fuerte, abstenerse. No se ahorran crueldades ni sangre dilapidada a los cuatro costados, ni tormentas sorpresivas parecidas a tsunamis.

Eso sí, se suprimió de la primera versión una felación seguida de una castración. Pero, no podía ser menos, los productores impusieron al director Dennis Iliadis en ésta, su tercera película, una larguísima violación, un hachazo en primer plano y varias intervenciones quirúrgicas nasales de primeros auxilios practicadas por el padre de la casa, un hábil y compadecido médico (claro, las lleva a cabo sin conocer la identidad de su paciente).

La historia está bien filmada, con la desmesura previsible y un planteamiento inquietante: ¿cómo actuaría si tiene a su merced a los violadores de su hija? En estos tiempos de inseguridad policial las reacciones pueden ser tan variadas como las reacciones ante un acto de santidad. Pero, bueno, no deja de ser interesante admitir que la intencionalidad es legítima en una película, propiedad –lleva su sello- del ególatra Wes Craven.

Los tres maléficos personajes están interpretados a la perfección: los crueles hermanos y la pareja bisexual de uno son tan malos que se hacen odiar de entrada en la secuencia de una fuga anticipatoria de lo que vendrá. En cambio el rol del hijo, Justin, tiene el inadecuado aspecto de Spencer Treat Clark, un chico con apariencia de estar sufriendo una sobredosis de marihuana (es proveedor de porros) y uno agradece que tenga contados parlamentos en esta historia dedicada a ilustrar sin piedad las reacciones vengadores de los padres. Ya se sabe, la bestia adormecida en el fondo del alma puede destaparse impredeciblemente y estallar más impiadosamente que las tropelías cometidas por los no tan victimarios.

Lo dicho: bien hecha, logradísima como filme de horror (no de terror) y con unas tomas de la nadadora Paggie (la chica violentada) que son un descanso de belleza y paz bien insertado en este relato en que no debió haberse involucrado a un talento como Bergman. Es que Craven no podía sacarse el orzuelo que le creaba su vanidad de director. La fama que dispensa el ojo del diablo da lugar a patéticas referencias.


(*) Craven declaró que el personaje de Krug dio origen a Freddy Krugger.

(**) Temas casi idénticos originaron mediocres películas entre los ‘70 y ’80. La lista es larga. Una de las más aceptables se estrenó en la Argentina como “Violencia en el último tren de la noche” (1975, título original: “El último tren de la noche”, del mediocre Aldo Lado), que como el nombre lo señala los hechos vandálicos se cometían en un vagón protegido por los ruidos ferroviarios y la noche oscurísima que iluminaba una ventanilla ideal para mostrar el patético asalto a las dos chicas).


Hernando Harb

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