KRABAT Y EL MOLINO DEL DIABLO de Marco Kreuzpaintner-Arnaldo H.Corazza

viernes, 8 de octubre de 2010 en 6:56



















KRABAT Y EL MOLINO DEL DIABLO
de Marco Kreuzpaintner

Título: Krabat y el molino del diablo

Título original: Krabat

Dirección: Marco Kreuzpaintner

País: Alemania

Año: 2008

Duración: 120 min.

Género: Drama, Fantástico

Calificación: No recomendada para menores de 13 años

Reparto: David Kross, Daniel Brühl, Christian Redl, Robert Stadlober, Paula Kalenberg, Anna Thalbach, Hanno Koffler, Charly Hübner, Moritz Grove, Tom Wlaschiha, Sven Hönig, Stefan Haschke, Tom Lass, Daniel Fripan, Daniel Steiner, David Fischbach, Otto Sander, Mac Steinmeier

Web: www.krabat-derfilm.de

Distribuidora: Flins y Pinículas

Productora: Castel Film Romania, Brass Hat Films, B.A. Film, Claussen Wöbke Putz Filmproduktion, Krabat Filmproduktion, Seven Pictures Film

Presupuesto: 10.000.000,00 €

Agradecimientos: Alfons Kreuzpaintner, Ben Smith, Brigitta Manthey, Christine Berg, Gabriele Röthemeyer, Hans-Christian Schmid, Heike Kreuzpaintner, Kirsten Niehuus, Michael Habeck, Michael Schmid-Ospach, Peter Illmann, Tom LaSally

Casting: An Dorthe Braker

Coproducción: Bernd Wintersperger, Christian Balz, Stefan Gärtner

Departamento artístico: Adrian Curelea, Christian Niculescu, David Hoffmann, Eva Stiebler, Gina Stancu, Grit Kronacher, Ionel Popa, Joachim Monninger, Johannes Pfaller, Klaus Bienen, Michael Summ, Oana Babes, Olga Wukounig, Rainer Stock, Ulrike Gojowczyk, Waleska Theis, Wolfgang Wrede

Departamento de transportes: Octav Tudor

Departamento musical: Peter Fuchs

Dirección: Marco Kreuzpaintner

Dirección artística: Christian Schaefer, Daniel Chour

Diseño de producción: Christian M. Goldbeck

Efectos especiales: Bernd Rautenberg, Christoph Gartlacher, Frank Schlösser, Gerd Feuchter, Jürgen Thiel, Marcus Schmidt, Monty Ploch, Norman Ernst, Ovidiu Veliscu, Rolf Hanke

Efectos visuales: Alex Lemke, Andreas Alesik, Bernhard Haux, Christian Schnellhammer, Christian Wieser, Christoph Schinko, Denis Trutanic, Eva Kunze, Florian Zachau, Jörg Baier, Klaus Wuchta, Lutz Lemke, Martin Saechsinger, Nando Stille, Nina Knott, Norbert Ruf, Sabine Laimer, Sacha Bertram, Stefan Galleithner, Thomas Grummt, Udo Smutny

Fotografía: Daniel Gottschalk

Guión: Marco Kreuzpaintner, Michael Gutmann

Maquillaje: Georg Korpas, Heike Merker

Montaje: Hansjörg Weißbrich

Música: Annette Focks

Novela original: Otfried Preußler

Producción asociada: Nicola Fletcher

Producción ejecutiva: Gabriele Bacher

Producción en línea: Jens Oberwetter

Sonido: Benjamin Krüger, Bernhard Maurer, Carsten Richter, Dirk Jacob, Hanse Warns, Manfred Banach, Noemi Hampel, Stephan Fandrych, Tschangis Chahrokh

Vestuario: Andreea Cornel Anke Winckler Daniela Ortenzia Chelaru, Genoveva Kylburg


Krabat es un adolescente huérfano a quien una voz en sueños le insta a dirigirse a un viejo molino, donde le iniciarán a él y otros aprendices en el arte de la magia negra. Pero todos los seres demoníacos exigen un alto precio por lo que ofrecen: el alma, la libertad e incluso la vida. ¿Cómo defenderse de alguien que controla tu pensamiento, tu voluntad e incluso tus sueños? Krabat no se resigna a acabar como sus compañeros.

Krabat (subtitulada en España como Krabat y el molino del diablo y en México como Aprendiz de magia negra) es una película alemana dirigida por Marco Kreuzpaintner; está basada en la novela homónima escrita por Otfried Preussler, la cual a su vez tiene su origen en una leyenda tradicional sorbia. El film ademas de estar muy bien filmado es interesante, y narra la historia de aprendices de magia negra, entre ellos Krabat, un joven sin familia, que se incorpora al Molino del Diablo. Sin embargo no resigna su libertad. La historia contiene elementos de fantasia, aventuras, y sin el desarrollo tecnologico de los films Norteamericanos de este estilo, termina componiendo un buen film, que seguramente resultara entretenido al espectador. Recomendable.


Puntos de 1 a 5: 3 puntos

ARNALDO H. CORAZZA

LOS JÓVENES MUERTOS de Leandro Listorti -Hernando Harb

jueves, 7 de octubre de 2010 en 18:26



















LOS JÓVENES MUERTOS

de Leandro Listorti


Argentina, 2010

Género: Documental

Dirección, Producción y Guión: Leandro Listorti

Hablada en español

Duración: 70’

Fecha de estreno en la Argentina: Sábado 25 de setiembre en el MALBA de Buenos Aires

Calificación: Apto para todo público


Cerca de treinta muertes voluntarias de jóvenes ocurridas en los últimos años en una provincia de la Patagonia.

Leandro Litorti es un crítico de cine reconocido, programador del prestigioso BAFICI y en su curriculum figura haber fomado parte del equipo técnico de películas como “Nadar solo” (en la que tuvo una brevísima participación actoral) y “Como un avión estrellado”, ambas del joven realizador Ezequiel Acuña, que datan del año 2005.

Su debut en el largo como director es una documental referida a las misteriosas muertes ocurridas en Santa Cruz, todas de jóvenes suicidas, cuya motivación aún se desconoce.

Litorti, de 33 años, emprende la tarea de rodar una “investigación” audaz que termina en previsible intento fallido.

No podía ser de otra manera. Acercarse a los lugarse del hecho, toparse con las negativas de casi todos los familiares, ni tener ni un hilo de Ariadna que conduzca al Minotauro, ni siquiera una causa concreta que pueda vincular tanta mortandad debió influir en el emprendedor principiante a documentalista y postergar su tarea.

Es como si un inspector de policía debe hallar un motivo vinculante para esclarecer el asesinato de diez jóvenes. No se sabe quién las incita a suicidarse, tampoco se sabe si existe un conductor humano, se indaga y se frustran todas las posibilidades porque se topa con un absoluto silencio como ayuda, además las razones pueden ser concretas y palpables como originadas en alguna de esas razones que incuba el inconsciente colectivo, esa parte de una maquinaria interna que debería de estudiarse más y saber sobre ella todo lo que corresponde (abrevar aunque más no sea en uno de los primeros libros del gran Carl Jung). ¿Y si habría que preguntarle a un voluntarioso con personalidad digna de un Holmes vernáculo?

El abanico es tan enorme que hace de esta documental algo parecido a la lectura de la noticia abreviada en cualquier diario argentino referida a las muertes de esos jóvenes signadas por el enigma.

De lo contrario el resultado es el que depara “Los jóvenes muertos”. La nada. El silencio. Dicho de manera práctica: la inutilidad convertida en un breve largometraje que deja al espectador como ingresó a la sala. Con la misma sensación: no se sabe nada, se ha filmado sobre un tapete vacío, donde ni las cartas de las probabilidades entran en un juego sin participantes que hablen.

No basta con subrayar que todo parece un pueblo fantasma (lo que es inevitable tratándose de unas calles desoladas y de casas habitadas por gentes que cuentan con un familiar como eje de tan trágico suceso). No es suficiente cubrir la “investigación” con primeros planos mostrando algún nombre en el pupitre de un aula, o dibujado en el tronco de un árbol. Se filmaron algunas tomas en Súper 8 en el otoño de 2009. Con los brazos caídos ante tanta inercia y pasividad.

Por momentos una voz con mala dicción comenta algo digno de ser suprimido por la obviedad. Y para colmo, para cubrir un metraje que exceda la hora de duración se recurre a algunas “soluciones” que añaden confusión al hecho: la migración de los tehuelches surge (in)explicablemente huyendo del genocidio de Roca, un tema que en manos del talentoso Osvaldo Bayer toma otro matiz de seriedad, de análisis político y que difícilmente el excelente ensayista vincule terrenalmente con “los jóvenes suicidas”. Para colmo se habla de un accidente colectivo junto a un matadero que hubiese sido argumento para una documental más completa y con un asunto no divulgado como mereciera. Hasta se incluye un pacto con el diablo, lo que nos introduce al conocimiento de la psicología profunda, cosa que se evade en un santiamén.

De pronto la fallida intencionalidad se convierte en una acercamiento al cine de terror.

Y el espectador desconcertado opta por sentirse por lo menos engañado de haberse trasladado a un cine para ver en una pantalla una nota servida, cocinada y recocinada en alguna redacción con la monotonía que imprimen los días, y la condena del olvido.

Alguna comentarista escribió que se trata del documental más político de los últimos años en nuestro medio. Temerario elogio merece respeto pero no deja de apagar el asombro provocativo que la mera unión bien ensamblada de algunos vocablos puedan convencer a quien vio esta aproximación del muy joven Leandro Listarti, quien –estoy convencido- se da cuenta de sus vanos vanos intentos de indagar una terrible circunstancia y rellenarla con imágenes tan muertas como la frustración de no poder saber nada. E imaginar de todo.


Hernando Harb

LA RONDA de Ines Braum - Hernando Harb

en 17:15

















LA RONDA

de Ines Braum



Argentina, 2008

Género: Comedia

Dirección: Inés Braun

Libreto: Inés Braun

Guionistas: Inés Braun – Walter Jakob

Producción: David Alonso Garavito –Nathalie Cabiron – Ariel Winograd

Hablada en español

Montaje: Alex Zito

Fotografía en colores: Lucio Bonelli

Diseño de Producción: Inés San Martín

Vestuario: Inés San Martín

Intérpretes: Merces Morán (Mónica) – Fernán Mirás (Javier) – Sofía Gala (Lucía) – Leonora Balcarce (Julia) – Rafael Spregelburd (Luis) – Walter Jakob (Max) – Daniel Hendler (Pedro)

Fecha de estreno en la Argentina: 29 de mayo de 2008

Duración original: 95’

Calificación: Apta para todo público


En los anaqueles de un buen video de Buenos Aires puede toparse con títulos de poca repercusión que merecieron una mejor acogida al momento de su estreno. Uno de ellos es el tercer largo de la argentina Inés Braun, una comedia con el desafortunado título de “La Ronda”. Nada que ver con el maravilloso filme homónimo del alemán Max Ophüls (*) de 1950

Ni con el relativamente comercial rodado por Roger Vadim (**) de 1964. Menos con los que le siguieron aprovechando la hermosa temática original de Arthur Schnitzler.

Esta “ronda” porteña tiene menos pretensiones, lo que significa que no tenga lo suyo. Su característica principal es su diafanidad. Es una comedia que habla sobre personajes reconocibles en el ámbito ciudadano, cada uno cargando sus problemas y en la eterna búsqueda del amor.

Braun se distingue por el tono coloquial que le imprime a su tarea. Nunca cae en la desmesura y mantiene un tono de comedia aun en los momentos más adversos que viven algunos de sus fugaces personajes (el libreto es de ella con algún aporte de un coguionista que actúa en la comedia).

Si hay un defecto que marcarle son las canciones in inglés (con alguna grata excepción) que quiebran el tono general de simpatía con que se tejen los enlaces. Ése más que un detalle debió haberse revisado. En la de-construcción de la historia la banda de sonido es importante, y ese ritmo “americano” mortifica por su amenidad, aunque se alegue un homenaje a la comedia estadounidense.

La “ronda” se inicia en un bar esquinero, colorido, cuyo nombre es el mismo que el del filme. Laura (una ascendente y prometedora Sofía Gala) es una de las dos meseras. Está por ser abandonada por su novio, Javier (eficaz Fernán Mirás), quien se niega a mantener una relación formal y continuar con su trabajo de empleado inmobiliario. Hay una compradora neurótica, divorciada y solitaria Mónica (una hierática Mercedes Morán) que quiere comprar un departamento usado y el muchacho se ofrece a ofrecerle tres, además de una copa de vino. Pero en medio de un tardío escarceo amoroso el tinto mancha la alfombra y termina con tanta torpeza pasional.

La histérica toma un taxi y el chofer Luis (excelente Rafael Spregelburd) le comenta que es pintor de brocha gorda. La pasajera solicita sus servicios. Y se inicia el mejor episodio de la grata comedia. Los contrastes de empleadora y trabajador salen a la luz. Ella consume pastillas y él es un sano protagonista de una ciudad un poco alocada y querible como es Buenos Aires. Pudo haber pasado “algo”, pero no es ni el momento ni los seres adecuados.

Luis pasea por una feria artesanal y conoce a tres chicas actriz de teatro “off”. Le atrae la más linda, Julia (una muy floja Leonora Balcarce), quien lo confunde con un pintor vanguardista de cuadros posmodernos. Aquí Braun inserta unas ácidas críticas a ciertos teatro entre naïf y vacuo que abunda en los alrededores capitalinos. Pero Luis desconoce de fanfarrias insalubres y sabe de enamoramientos. La chica le gusta. Pero cuando se entera de su labor real huye y lo deja con la pasta recién hecha y el vino servido en su humilde bulín de tachero que venera el amor recuerdo del amor de sus padres fallecidos (todo un tangazo incompatible con una desubicada con arrestos de foránea mal trasplantada).

Julia quiere ser actriz y un director primerizo, Max (un acerado Walter Jakob) le ofrece un papelito de moza de bar (ésa que dice las elementales preguntas: “¿Qué se van a servir?” y “¿Algo más? El rodaje es en el simpatiquísimo bar/restorán La Ronda. Julia es un fiasco y se marcha, Pero el novel realizador se fija en… Lucía, la mesera del inicio de la historia, que se sabe los diálogos de todos y encaja a la perfección no sólo como actriz sino en el corazón del joven director, quien se la lleva en un coche mientras la palabra “fin” decorada un menú de ésos que ofrecen las casas de comida, pero aquí con los nombres de toda la “familia artística” de este encantador filme que ofrece alguna sorpresa adicional: un Cameo del multifacético y talentoso Daniel Hendler. Toda una garantía y que pareciera darle su aval a este filme de Inés Braun(***), a quien le deseamos una continuación exitosa. En serio.


Hernando Harb


(*) Director nacido en Alemania, de origen judío, quien dirigió grandes clásicos. “La Ronda” es uno de ellos, con un reparto de notables actores y actrices. “Lola Montes” fue su última obra maestra, casi no concluida, con Peter Ustinov como un domador contando la historia de una célebre mujer y sus amoríos, una sorprendente Martine Carol, encerrada en una jaula en el centro de la pista bajo una carpa circense. Nació en 1902 y falleció en 1953.

(**) Realizador francés, más popular como “descubridor de Brigitte Bardot que por títulos eróticos. En su versión de “La Ronda” hay un episodio destacable: el protagonizado por su entonces esposa Jane Fonda y el eterno Jean-Claude Brialy. Nació en 1928 y murió en el año 2000.

(***) Su primer filme data de 2002 “Bajo figuras” y el segundo de 2002 “El pasador y la claquetista”. De ambas fue también guionista. Trabajó en dos oportunidades como asistente de dirección, la mñás destacada fue “La mujer rota (2005), dirigida por Sebastián Faena.

ADMIRAL de Andrey Kravchuck (Rusia 2009) - Hernando Harb

en 15:35





















ADMIRAL

de Andrey Kravchuck


Traducción al español: “El Almirante”

Rusia 2008/9

Hablada en ruso y francés

Género: Histórico/Romántico

Dirección: Andrey Kravchuck

Guionistas: Zoya Kudrya – Vladimir Valutsky

Fotografía en technicolor

Intérpretes: Liza Boyarskay (Ana) – Konstantin Khabensy (Alexander) – Sergei Bezrukov (Gral Kappel) – Richard Bohringer (Gral. Zhannen) –Viktor Verzhbitskiy (Kerenskiy) –Nikolai Burlayev (Nicolás II)

Estrenada en Rusia: 9 de octubre de 2008

No estrenada en la Argentina

Duración original: 124’

Distribuida en la Argentina en DVD: Enero de 2009

Duración del DVD: 98’

Calificación: Sólo para mayores de 15 años


El cine, era inevitable, también se globalizó. Lo demuestran unas cuantas películas policiales distribuidas en video con persecuciones, tiroteos, malos y buenos vigilantes del orden, antihéroes reivindicatorios y demás arquetipicidades.

Este filme está basado en la vida del marino Alexander Kolchack (1874-1920) desde su triunfo contra los alemanes hasta su tenaz lucha contra los bolcheviques con el objetivo de restaurar el Estado Ruso. De su vida anterior no se dan datos.

Es una auténtica superproducción (se invirtieron casi 20 millones de dólares, demostrables en la fastuosidad de interiores y en la cantidad de extras en las escenas en Siberia), dio origen a una serie televisiva de éxito mayor al alcanzado por el filme en su país de origen.

Para el espectador occidental hay que aclararle que se trata de un filme promilitarista (no hay un civil elogiado a lo largo de la extensa trama), antibolchevique (o es más, contrario a la Revolución Rusa) y con un maniqueísmo en la descripción de los personajes excesivo. Se podría decir que parece un “Doctor Zhivago” (1965, del admirable David Lean) que, es casi seguro, hubiera mortificado al escritor Boris Pasternak. Laureado con el Nobel de Literatura.

Claro, Andrey Kravchuck no merece comparárselo con el director inglés, es apenas un discreto acatador de órdenes de la Mosfilm que tiene en su filmografía apenas un título como “El pequeño Vanya” (2005), un clásico catálogo de penurias infantiles con mucha nieve a la que son afectos los rusos.

La acción de “Admiral” se inicia con una minuciosa descripción de una nave rusa al mando de Kolchack combatiendo a los alemanes, quienes está a punto de vencer sino fuera por una mina que le estalla en el momento justo, previos rezos de la tripulación rusa. De paso aclaremos que el filme es marcadamente católico, hasta hay menciones de versículos completos, referencias a santos y casi todos, desde el Nicolás II hasta el marinero más infortunado se persignan.

El héroe ascenderá a almirante por su vehemente lucha contra los invasores y luego será elegido Gobernante Supremo del Estado Ruso, en la ciudad libre de Omsk, luego de la revolución de octubre.

Paralelamente se nos contarán sus desventuras amorosas con la hermosa Ana. Ambos son casados, menos mal que sus respectivos cónyuges son comprensivos y comprenden la situación sentimental que nunca se concreta (al menos ante las cámaras, y nunca se pasa de un besamanos salvo un beso en los labios interrumpido por una estampida de los insurgentes revolucionarios).

Los franceses y checos no quedan bien parados. Al menos se los ve diplomáticamente titubeantes. En especial el general Janin, un flacucho francés que transcurre su vida en meditaciones acerca de si debe proceder a ayudar o retornar a su lugar de origen. Los rebeldes contra el imperio zarista son absolutamente malos, y lo demuestran en una escena –eso sí, cinematográficamente muy bien resuelta- donde matan a militares de toda graduación y los dejan como pájaros negros tendidos en un manto de inmensa blancura como estupendo contraste fotográfico, hay que reconocerlo con disculpas de las ideologías-. Las mujeres rusas que se ven este “Admiral” son sufridas esposas de uniformados. A excepción de Ana, la enamorada fiel del heroico Alexander, que se alista como enfermera de la Cruz Roja para seguir de cerca la campaña combativa de su amado. De pobres gentes, ni sus sombras. Hay, es verdad, una turba dispuesta a huir hacia donde sea con tal de no caer en las garras de los revolucionarios.

Seamos claros, quien escribe estas líneas es un reconocedor de las injusticias cometidas a partir de 1917 y de los manejos maquiavélicos que torcieron el rumbo de la Revolución Rusa,

pero eso no admite negar la extrema subjetividad de los guionistas y productores de esta megaproducción que luego fue trasladada como seria a la televisión rusa y adláteres.

Lo rescatable del filme es su extremadamente bella fotografía, la esplendidez del vestuario (digno de algún filme de King Vidor) y la actuación de Konstantin Khabensy, quien -es evidente- se esfuerza por mantener un equilibrio para no caer en la figura del héroe de cine en tridimensional.

Como curiosidad está el prólogo de la película, ubicado en 1965, donde conversan el director de la película y sus técnicos con los actores vestidos con sus trajes de época. La intención reside en la presencia de una supuesta Ana observando el rodaje de su odisea romántica con el almirante. Dos enormes ojos contemplan los pormenores de la filmación, y se reiteran al cierre, en una escena donde el vals y el romanticismo tienen algún viso modesto recogido de una página de Tolstoi.

Párrafo aparte merece la caracterización de Kerenskiy (el actor Viktor Verzhbitskycasting) y el esforzado misticismo que demuestra Nikolai Burlayek es un error de para su breve aparición como Nicolás II. Seguro que no son merecedores de la bendición de la crítica.


Hernando Harb

SNACK BAR BUDAPEST de Tinto Brass - Arnaldo H.Corazza

en 7:43











SNACK BAR BUDAPEST de Tinto Brass 1

Director: Tinto Brass
Intérpretes: Giancarlo Giannini, Philippe Léotard, Sylvie Orcier, Raffaella Baracchi

Título en VO: Snack Bar Budapest

País: Italia
Año: 1988.
Duración: 98 min.

Clasificación: Mayores 18 años
Género:
Drama
Color o en B/N: Color
Guión: Tinto Brass

Montaje: Tinto Brass



Avoccato,un abogado de poca monta lleva a su
novia Milena a una clínica abortiva.Para poder pagar,el otro novio de Milena,Sapo le recomienda unirse a la banda de Molecula,un gangster-proxeneta que de 19 años que pretende montar un casino.Para ello se propone desalojar a los vecinos aterrorizándolos.

El film data de 1988, o sea que tiene mas de 20 años, y el erotismo de Tinto Brass ya no surte demasiados efectos en la actualidad. El cine provocativo de Brass de la decada del 70 ya no conmueve como en años pasados. Sin embargo, no hay ninguna duda, que este Director Italiano sabe filmar, logar los climas delirantes, sexuales, y hasta fantasmales, como nadie. No es un cine despreciable el de Tinto Brass, hay que ubicarlo en su tiempo, y podemos afirmar que fue un vanguardista. El guion de este film, no es demasiado consistente, mas alla del delirio que nos propone. La actuacion de Giancarlo Giannini es solo correcta, y pareciera no encontrarse demasiado comodo en al estilo de Brass.
Vale la pena verla, encontrarse con un realizador un poco olvidado, y encontrar sus virtudes.


Puntos de 1 a 5: 3 puntos

ARNALDO H.CORAZZA

1.- Tras iniciarse en cine como ayudante de los hermanos Paolo y Vittorio Taviani, Federico Fellini y Roberto Rossellini, desarrolló durante los años 1960 y 1970 un estilo sumamente personal y vanguardista, que le llevaría en los años 80 a realizar un cine directamente provocador, entre la pornografía y el esteticismo.Fascinado con el erotismo, filmó numerosas obras intimistas, con una fotografía veloz, plena de travellings, montaje rápido y guiones humorísticos y desconcertantes. Su obra más conocida es Calígula, sobre guión de Gore Vidal, escritor de quien ya había rodado otra obra, Salon Kitty. Aunque Tinto Brass abandonó la postproducción de Calígula, insatisfecho con el montaje exigido por la productora, esta película le granjeó fama gracias sobre todo a su tratamiento histórico del sexo en la Roma antigua. Hay que precisar, sin embargo, que las escenas de pornografía hardcore fueron añadidas por el productor Bob Guccione en contra del criterio de Brass y con la ayuda de otro equipo de rodaje.Abandonó luego el cine convencional, dedicándose al género erótico para fustigar lo que considera la hipocresía y censura del cine imperante. Entre sus rasgos característicos está el relieve concedido a los aspectos más crudamente fisiológicos de la existencia; en varias de sus películas se sacrifican animales en cámara. Del mismo modo, las pilosidades femeninas, la excreción y el sexo juegan siempre un papel importante.Los años 90 marcan el comienzo de la decadencia del cine de Brass: el sexo ya no es sino un mero pretexto, hábil reclamo comercial para un público de incondicionales, y sus películas pasan a estrenarse directamente en el formato vídeo fuera de Italia. Fuente Wikipedia

PARIS de Cedric Klapisch (Francia 2008) - Arnaldo H.Corazza

martes, 5 de octubre de 2010 en 19:41
















PARIS
de Cedric Klapisch

París
Paris
Francia
2008
130 min

Cine negro, De autor
Color
01/01/1970
Guión: Cédric Klapisch
Música:Robert Burke y Loïc Dury
Fotografía:Christophe Beaucarne
Montaje:Francine Sandberg
Distribuidora:Vértigo Films

Esta es la historia de un parisino que está enfermo y cree que va a morir. Su enfermedad le hace ver a toda la gente que encuentra de una nueva forma. Imaginar su muerte de repente le da un nuevo significado a su vida, a las vidas de otros, y a la vida de toda la ciudad. Los vendedores de frutas y verduras, una mujer que regenta una panadería, una trabajadora social, una bailarina, un arquitecto, un vagabundo, un profesor de universidad, una modelo un inmigrante ilegal de Camerún. Todas estas gentes tan diferentes entre si, se encuentran en esta ciudad y en esta película. Se podría imaginar que no tienen nada de especial, pero para cada uno de ellos su vida es única. Podrías pensar que sus problemas no importan, pero para ellos, son las cosas más importantes del mundo.

El verdadero protagonista de este film es la ciudad de Paris, que es mostrada por el director desde muchos rincones, a partir de narrar muy superficialmente unas 4 o 5 historias paralelas, sin demasiado contenido ninguna de ellas.Obviamente la presencia de excelentes actores, el mostrar Paris con una excelente fotografia, genero que solo en Francia la vieran mas de 2.000.000 de espectadores. El director ha encontrado un excelente combo para filmar una pelicula absolutamente comercial. El film, aunque muy bien filmado, es excesivamente largo, y aun saltando de historia en historia por momentos se torna tedioso. No deja de ser una propuesta comercial valida, y para quienes quieran deleitarse con una ciudad tan hermosa como Paris, pues a verla. No encontraran mas que esto.


Puntos de 1 a 5: 3 puntos

ARNALDO HUGO CORAZZA

TONY CURTIS: SEXO, DROGAS Y CELEBRIDAD - Hernando Harb

en 10:03


















TONY CURTIS: SEXO, DROGAS Y CELEBRIDAD


Fue un gran actor. Envuelto en drogas, escandalotes sexuales y mentiras creadas por una prensa que hizo –y hace- de la venalidad una forma de expresarse.

Bernard Schwartz –conocido mundialmente como Tony Curtis- nació el 3 de junio de 1925 en un hogar humillado por la miseria, al punto de que sus padres recluyeron a él ya su hermano Julius a un orfanato para sobrevivir las contingencias que trae la carencia económica.

A los 15 años su amado hermano menor murió atropellado por un camión a la edad de 15 años. La fatalidad es una mala colaboradora del azar y es difícil ser burlada.

Dejó su Bronx natal, donde su padre –un actor húngaro fracasado- apenas podía ganarse la vida como sastre, para ingresar a la Marina donde permaneció hasta 1945.

Su belleza física y su encanto personal fueron dos señuelos que lo ayudaron a iniciar su futura carrera en los laberintos del “universo de los sueños”: el cine. Su relación con Joyce Selznick, sobrina del tiránico productor David O.Selznick ,luego de verlo en una función teatral. Le consiguió un contrato en la Universal.

Los primeros escarceos se remontan a 1949, con papeles menores. En “Sin ley y sin alma” (dirigida por el notable Robert Siodmak y conocida como “El abrazo de la muerte”) le permitió hacer dos intervenciones mínimas y su nombre no figuró en los créditos.

No importó. En ese filme trabajaba Burt Lancaster, con quien estableció una amistad y le permitió lograr el ingreso a círculos de la “fábrica” de Hollywood.

Los que admiramos a los verdaderos actores como Tony Curtis lo recordaremos en títulos importantes de una carrera riquísima en éxitos (algunos de ellos basales en la historia del vapuleado libro del cine).

En 1953, interpretó al mítico mago de “El Gran Houdini” junto a una de sus hermosas esposas, la rubia Janet Leigh –la del asesinato célebre en el baño a manos de un psicótico creado por Don Alfred-.

Luego de varios títulos de aventuras de color, vendría el estrellato, más allá de su apostura y de los chimentos de pasillo acerca de sus relaciones amorosas:

Carol Reed (el de “El tercer hombre”) lo convocaría para formar un triángulo popular con la Lollobrigida y Lancaster en “Trapecio” (1956).

Sería el enemigo del vikingo Kirk Douglas en materia de amores (otra vez Janet Leigh) en la antológica “Los vikingos”, creada por Richard Fleischer en 1958.

Esa fecha fue candidato al Oscar por “Fuga en cadenas”, pero quedó en nominación que dio señales de que el cine lo tomaba muy en serie, en un rol de un racista.

Luego sería el transvertido a la fuerza de “Una Eva y dos Adanes” (colosal suceso de Billy Wilder) con la icónica Marilyn Monroe, con quien se la vinculó con desgraciados episodios pasionales, producto de esa enfermedad apodada amarillismo. Fue en 1959.

Luego, ese años, compartiría cartel con Cary Grant en “Sirenas y Tiburones” (de Blake Edwards) y hasta John Huston lo incorporaría a la fascinante “Lista de Adrián Messenger” (1963) componiendo una breve caracterización junto a actores de calidad.

Curtis se animó a competir con el rey de la comedia Jerry Lewis en la teatral “Boeing Boeing” (1965) y llegó a estar a la altura de las circunstancias, bajo las órdenes de John Rich.

Pero fue su interpretación como el el asesino de “El estrangulador de Boston” (1968, otra vez con Fleischer detrás de las cámaras y robándole pantalla a Henry Fonda) que entusiasmó a la crítica mundial soportando un maquillaje que lo afeaba totalmente.

En 1960 el exigente Stanley Kubrick lo integraría al colosal reparto compuesto por Kirk Douglas, Laurence Oliver, Jean Simmons, Peter Ustinov, Charles Laughton para revivir la novela de Howard Fast según una adaptación del censurado Dalton Trumbo, “Espartaco”, donde vivía una célebre escena con Douglas muy comentada en su momento.

No importa que luego llegaran los años y la inevitable decadencia física agravada por la muerte de un hijo por sobredosis. Pudo sobresalir cuando el inesperado Norman Mailer le pidió que compusiera a un periodista alcohólico reunido en el departamento de un hotelucho con la Monroe (composición perfecta de Theresa Russell) y el genio de un ridiculizado Albert Einstein, en una desopilante sátira que no pudo evadir la censura de varios países.

Tony Curtis falleció el 29 de setiembre de 2010 en una ciudad que le encantaba: Las Vegas. Hinchado por el alcohol y las drogas, tartamudeando ante insolentes entrevistadores, se despidió de un mundo de luces falsas y de fulgores esporádicos.

Los que amamos el cine, lo recordaremos como un grande. Diamantino, aventurero, mujeriego, padre de una espléndida actriz (Jamie Lee Curtis) que tuvo con Janet Leigh, casado varias veces, aficionado al alcohol y aprisionado por el viaje de las drogas, Tony Curtis figurará en el mapa del cine, y una de las paradas de la travesía llevará su nombre. Los jóvenes harán una parada para admirarlo, más allá del revoltijo del complicado vivir con la fama, el amor y las huidas del pasado de una infancia no precisamente dichosa.


Hernando Harb

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