LA VENGANZA DE LA CASA DEL LAGO de Dennis Iliadis - Hernando Harb

domingo, 7 de noviembre de 2010 en 13:12





















LA VENGANZA DE LA CASA DEL LAGO

de Dennis Iliadis


Título original: The Last House on the Left

Origen: Estados Unidos, 2009

Género: Drama/Horror

Hablada en inglés

Dirección: Dennis Iliadis

Guión: Adam Alleca – Carl Ellworth

Supervisión general: Wes Craven

Producción: Wes Craven – Sean S.Cunningham

Xo-producción: Jonathan Craven

Música: John Murphy

Fotografía en colores: Sharon Meir

Montaje: Peter McNulty

Intérpretes: Tony Goldwyn (John Collingood) – Monica Potter (Ema Collingood) – Garret Dellahunt (Krug) – Aaron Paul (Francis) –Spencer Treat Clark (Justin) –Riki Lindhome (Sadie) – Martha Maclasaac (Paige)

Duración original: 114’

Duración aprobada: 110’

Calificación: Apta para mayores de 18, con reservas


“No se trata de un filme acerca del Bien y del Mal. Es una historia sobre lo que está bien o mal hecho”, fueron las palabras de Was Craven acerca de este relato que fue filmado (innecesariamente, o por cuestiones de costo) en Cape Town, Sudáfrica.

La dudosa definición fue aprobada por su compinche de producción, el avejentado Sean S. Cunnigham, con quien decidieron hacer una remake de un título de Craven estrenado en 1974 con el protagonismo de un actor cuya sola presencia física provocaban ganas de escapar, hacía de Krug (*), esta vez a cargo de un tipo con físico de galán, pero autor de sadismos varios con idéntico afán.

Craven declaró que su fuente inspiradora fue un filme del gran Ingmar Bergman: “La fuente de la doncella” (1970), sin su carga mística ni su belleza temática y formal. (**)

Es la historia de una venganza de dos padres que alojan en su casa (frente a un hermoso lago) sin saber que son violadores de su hija y asesinos de una amiguita. Los secunda Justin, un jovencito inocente, hijo del jefe Krug, con el que se llevan tan mal que decide delatarlos en forma sigilosa.

Los adeptos a la necrofilia craveniana van a estar de parabienes. Los que rechazan este plato demasiado fuerte, abstenerse. No se ahorran crueldades ni sangre dilapidada a los cuatro costados, ni tormentas sorpresivas parecidas a tsunamis.

Eso sí, se suprimió de la primera versión una felación seguida de una castración. Pero, no podía ser menos, los productores impusieron al director Dennis Iliadis en ésta, su tercera película, una larguísima violación, un hachazo en primer plano y varias intervenciones quirúrgicas nasales de primeros auxilios practicadas por el padre de la casa, un hábil y compadecido médico (claro, las lleva a cabo sin conocer la identidad de su paciente).

La historia está bien filmada, con la desmesura previsible y un planteamiento inquietante: ¿cómo actuaría si tiene a su merced a los violadores de su hija? En estos tiempos de inseguridad policial las reacciones pueden ser tan variadas como las reacciones ante un acto de santidad. Pero, bueno, no deja de ser interesante admitir que la intencionalidad es legítima en una película, propiedad –lleva su sello- del ególatra Wes Craven.

Los tres maléficos personajes están interpretados a la perfección: los crueles hermanos y la pareja bisexual de uno son tan malos que se hacen odiar de entrada en la secuencia de una fuga anticipatoria de lo que vendrá. En cambio el rol del hijo, Justin, tiene el inadecuado aspecto de Spencer Treat Clark, un chico con apariencia de estar sufriendo una sobredosis de marihuana (es proveedor de porros) y uno agradece que tenga contados parlamentos en esta historia dedicada a ilustrar sin piedad las reacciones vengadores de los padres. Ya se sabe, la bestia adormecida en el fondo del alma puede destaparse impredeciblemente y estallar más impiadosamente que las tropelías cometidas por los no tan victimarios.

Lo dicho: bien hecha, logradísima como filme de horror (no de terror) y con unas tomas de la nadadora Paggie (la chica violentada) que son un descanso de belleza y paz bien insertado en este relato en que no debió haberse involucrado a un talento como Bergman. Es que Craven no podía sacarse el orzuelo que le creaba su vanidad de director. La fama que dispensa el ojo del diablo da lugar a patéticas referencias.


(*) Craven declaró que el personaje de Krug dio origen a Freddy Krugger.

(**) Temas casi idénticos originaron mediocres películas entre los ‘70 y ’80. La lista es larga. Una de las más aceptables se estrenó en la Argentina como “Violencia en el último tren de la noche” (1975, título original: “El último tren de la noche”, del mediocre Aldo Lado), que como el nombre lo señala los hechos vandálicos se cometían en un vagón protegido por los ruidos ferroviarios y la noche oscurísima que iluminaba una ventanilla ideal para mostrar el patético asalto a las dos chicas).


Hernando Harb

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